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Luego…¿cual es el problema?IMG-20130124-WA0006

La grandeza, o mejor, la talla  de un político no tiene que ver con el número de edificios que llevan una placa con su nombre, tiene que ver mucho más con como administra “los dineros” de todos, más aún en momentos de escasez. Tiene que ver también con cómo trata (en su significado de cuidar bien o mal, proceder bien o mal y no en el sentido de manejar)  a sus ciudadanos y de cuáles son las consecuencias de sus actos en términos de dignidad, de protección, respeto, igualdad y justicia social.

El tema de los despidos no es un problema de financiación, (una mentira repetida mil veces se termina convirtiendo en verdad) sino de distribución y priorización de los objetivos y de las necesidades. Los Servicios Sociales siempre se han construido con poco dinero, siempre con escasez y siempre peleando cada presupuesto, en otros tiempos incluso con menos posibilidad de financiación que ahora. Por lo tanto es una cuestión de voluntad política. Algo que ya en otros lugares y en otras ocasiones se ha visto demostrada apostando por las personas. Voluntad política que se debe guiar por la competencia técnica, luego sí, el problema también es de falta de competencia por parte de quienes gestionan y asesoran. Falta de competencia para ser conscientes de lo que tienen entre manos que no es ni más ni menos que la integridad, la dignidad, el progreso, el apoyo, la protección, el futuro de sus ciudadanos mucho más allá de la caridad mal entendida que nos invade con las últimas actuaciones. Falta de competencia para ser capaces de luchar por mantener un sistema ya creado, probablemente el más sensible, y efectivamente “el corazón” de la ciudadanía.

Pero también es un problema de sensibilidad o de ausencia de ésta y de conciencia, para darse cuenta de a quienes se abandona en el barco que se hunde.

O tal vez sea solo un problema de inconsciencia ignorante sobre todo lo que ha supuesto el tortuoso camino de la creación, el mantenimiento y consolidación del sistema de protección social y lo que ello significa para los más vulnerables.

Por el contrario parece que se prefiere establecer una mendicidad que se supone prohibida (pero solo en las calles que queda feo), pero ahora la formalizamos, ¡mendigue usted en Cáritas, que allí sí se puede! porque nosotros, los que nos pagan para protegerles, no lo vamos a hacer.

No todo vale. Hablamos de que se pierde un sistema de protección integral de calidad, con personas que hacen bien su trabajo, que se preocupan y que tienen una formación específica para ello, y más importante, una gran experiencia para hacerlo mejor, equipos técnicos solventes de base, de coordinación, de gestión, de dirección con unos niveles de calidad a la altura de lo que nosotros, todos y todas merecemos, porque cualquiera podemos ser usuarios de los Servicios Sociales.

 Compañeras, compañeros, no se trata solo de despidos, es que éste no es el mundo que queremos.

Si este tema se pudiese someter a votación sin campañas, sin influencias ni manipulaciones, solo de corazón y de razón propia, ¿usted que votaría?   Igual es el momento de comenzar a pedir dimisiones y destituciones.

Fdo. Sara

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