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En la hora de la desobediencia Civil

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Quiero sumarme a las distintas manifestaciones que en contra de los recortes en el ámbito de los servicios sociales, en particular y la protección social en general, se están haciendo en nuestro país. Y lo hago, no solo por una cuestión ética y de compromiso como trabajadora social, sino desde la más absoluta indignación y humillación, que como ciudadana, una ciudadana más, siento.

En este país no se ha entendido que la crisis solo es combatible si se sostienen las inversiones sociales. Y no se ha entendido porque a día de hoy, tampoco se ha entendido que el modelo económico está agotado, que rescatar bancos no es sino arruinar aún más a la población y que esto nos lleva, irremisiblemente, a unos niveles de empobrecimiento brutales, porque lo que se está empobreciendo es también la democracia.

Asistimos con estupor a las cifras de desempleo, desprotección social y sanitaria, mientras un gobierno, “aburguesado”, habla de sacrificios innegociables e imprescindibles, al tiempo que la corrupción evidencia las verdaderas intenciones de esta “casta” intocable e indecente.

Probablemente tengamos que retomar ideas pasadas, que nos parecían innecesarias hace apenas unos años y que apuntan a la desobediencia civil. Y es que la desobediencia civil es aplicable a este tipo de situaciones, apelando a una cuestión de conciencia, cuando a golpe de decretos, se mancillan los derechos fundamentales de todo un pueblo. Como expresa Fernando Cervera: El sistema de gobierno que tenemos no sirve para lo que fue creado, es solo una estructura pensada para ocultar al pueblo sus cadenas. El estado sabe que un esclavo que no sabe que es un esclavo jamás intentará revelarse. Triste pero eficaz.

Los recortes en materia de sanidad, educación, servicios sociales, investigación… son una estrategia para reducir los derechos sociales fundamentales y mermar el exiguo ejercicio democrático que nos quedaba. La igualdad ante la ley y la no discriminación resultan irónicas a tenor de las circunstancias.

Los/as trabajadores/as sociales y todos aquellos profesionales que, de un modo u otro, estamos vinculados a la intervención social, debemos plantearnos, muy seriamente, si no ha llegado la hora de apelar a la desobediencia civil, con todos sus riesgos

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Y digo que hay que plantearse esto, toda vez que no ha habido interlocutores válidos para estas salvajes medidas, a nadie se le ha consultado por donde y de que manera se iba a meter la tijera, se nos ha negado el diálogo. Tampoco este gobierno, ni el anterior, puso un horizonte temporal para tanto recorte. Esto aviva la incertidumbre y siembra el miedo, porque si no sabemos el cómo, el cuando y el por qué de estas medidas, el miedo está servido. Y el miedo paraliza.
Ya en 1846 Henry David Thoreau, se negó a pagar impuestos en EEUU por su disconformidad con un sistema racista, que además estaba en guerra con México. Thoreau inspiró con su gesto y tiempo de cárcel, a Gandhi y Luther King sobre la importancia de poner de manifiesto, de forma pacífica, el desencuentro con aquellos que nos gobiernan. Porque una verdadera democracia debe dejar canales de comunicación y hoy la “casta” política está blindada para hacer y deshacer lo que le viene en gana.

Si en su día se construyó una “ejemplar” transición democrática, ahora parece que es el momento de pulir sus deficiencias, de restituir aquello que socava la democracia. Miedo me dan los discursos que hacen intocables a las leyes. Si las leyes son ambiguas, habrá que cambiarlas, todo lo demás es conservadurismo, naftalina.

Reivindiquemos la independencia de los poderes, pidamos más participación directa y sobre todo transparencia en esta estúpida e intoxicada endogamia política.

Blanca Girela
Trabajadora Social

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