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No seré una cascarrabias

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Han llegado con ganas de charla y jaraneras. Lo atribuí a la caminata que el fin de semana se dieron por la sierra.Me llamaron, para cargar pilas, porque saben, o intuyen, que tendremos tarea para largo.Pero no pude sumarme esta vez.La otra noche me acosté tarde. Conecté la radio, como de costumbre. Comenzaba “hablar por hablar”. Macarena, la conductora del programa empezó con fuerza joven.La banda sonora, que variaba con las llamadas de los radioyentes iba tejiendo una realidad agazapada que las voces que compartían aquella noche ponían en palabras.Lo que contaban me indujo a pensar que tal vez había caído en desuso el nombre del programa. Al principio de los tiempos, cuando Genma Nierga se sentó de madrugada a escuchar, tenía sentido. Pero lo que canalizaba ahora el programa eran miedos, soledad, abandonos, exclusión, rabia, desesperanza, indefensión, incredulidad, desfallecimiento…Conté las horas. Lo que escuchaba era incompatible con el sueño. Al filo de las cuatro, el deje inconfundible del Realejo dejó en suspenso los comentarios del chat del programa. Los “chatines” dejaron de teclear sus comentarios. Entre borbotón y borbotón de angustia, sólo la respiración contenida de Macarena. La escuchó toda la España insomne. El presidente del gobierno duerme bien. Lo dijo la presidenta de su partido delante de las cámaras. Me sentí concernida.Era una mujer valiente. Empleó su talento y su fuerza para criar, con dignidad, a su hija, tan abandonada por su padre como ella misma.Y la gran estafa económica, mal llamada crisis, la dejó sin trabajo, sin casa y deudora de por vida conla avaricia de los bancos, porque el gobierno de todos, sólo gobierna para unos pocos. Bien temprano salí de casa. No pude detener el desahucio, pero puedo ofrecer la habitación vacía de mi casa. Llegada a este punto de mis confesiones, mis amigas, que me consideran una “echada palante” no sabían ya que pensar a ciencia cierta. Sus caras expresaban de todo. Yo podía leer en sus ojos: ¡esta loca será capaz! Cuando Inés, asomó su sonrisa de tres años por la puerta del salón, con timidez, los brazos de mis amigas se tendieron, con cautela. La confianza, ese chispazo que brilla sin provocarlo… Inés corrió a coger una pasta de la merienda que esperaba en la mesa camilla, y se dejó abrazar.

“Ya sabéis – les dije – los médicos dicen que envejecer solas nos vuelve cascarrabias” Avanzó la tarde. Tampoco nos faltó el café. Este miércoles, después de la partida de cartas nos enzarzamos acaloradamente porque alguien trajo escrita esta frase:

Para la ley no existen los por qués. La fuerza de la ley es su ser de ley, no el ser justa.

Le preguntamos de dónde la había sacado, pero las amigas también tenemos que respetar los secretillos.

María

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