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QUE 50 AÑOS NO ES NADA.

trabajo social no se rinde

A finales del año pasado 2012, en la Facultad de Trabajo Social tuvo lugar la celebración de los 50 años de los estudios de Trabajo Social, en la que participaron numerosas profesionales del trabajo social junto a docentes de la Universidad de Granada.

 Lo que se auspiciaba como un momento únicamente de alegría y felicitación y como tal se proyectó un par de años antes por la profesora Amalia Morales y el resto de profesores del Departamento de Servicios Sociales y Trabajo Social de la Universidad de Granada, sin embargo “tuvo su sin sabor” ante la evidencia de los sucesivos recortes en materia social que se estaban aconteciendo.

 Unos pocos años antes se conseguía por fin que la Escuela Universitaria pasase a ser Facultad de Trabajo Social. Se aprobaban leyes como la de Autonomía Personal y Atención a la Dependencia, que por primera vez en la historia garantizaba derechos subjetivos para la ciudadanía. Se mantenía la financiación de los Servicios Sociales a través del Plan Concertado, que permitía que no existieran discriminaciones en función del territorio. Incluso se hablaba de la necesidad de avanzar en el tema de las rentas mínimas, un plan de inclusión, etc.

 Por esas fechas, las demandas en los Servicios Sociales se habían incrementado desorbitadamente, de forma que a las familias “de siempre” que capeaban frente a sus dificultades y a la falta de recursos, se les sumaban otras “nuevas” que no sabían ni por donde moverse en tiempos de crisis. Estas últimas, no hacía mucho, se encontraban perfectamente integradas en la sociedad, con trabajo, casa, familia y todo lo necesario para una vida “normalizada”. De repente un revés económico ponía a unas y otras familias en la necesidad de solicitar ayudas.

 Ante las nuevas situaciones y demandas, la presencia de los profesionales del Trabajo Social y del resto de profesiones que se integran en las distintas instituciones de servicios sociales, entendidas ésta últimas bajo un punto de vista amplio (comunitarios y especializados) es más necesaria y útil que nunca.

 Pero no basta con la orientación, valoración, asesoramiento y la atención ante las situaciones de emergencia. Cuando las personas pasan de la zona de vulnerabilidad a la zona de exclusión hace falta implementar planes de intervención con recursos adecuados y en coordinación con otras áreas, con una proyección temporal mayor del puro asistencialismo ante la situación emergente, con una posición de cercanía y acompañamiento.

 Y es precisamente en el momento, en que más falta hacen, cuando desde las Administraciones con Responsabilidad Pública se empiezan a recortar en materia de Servicios Sociales, la Ley de Autonomía Personal y Atención a la Dependencia sufre un fuerte hachazo que limita su eficacia y el Plan concertado igual. Esto a su vez tiene su efecto en el resto de Administraciones Autonómica y Local que realizan, a su vez, su correspondiente minoración.

 Frente a todo lo dicho, desde la profesión de Trabajo Social en defensa de la calidad de los servicios que prestamos y en cumplimiento de nuestro código deontológico y el respeto debido a la Constitución y el resto del ordenamiento jurídico, y especialmente a los Derechos Humanos, estamos obligados a decir que en un Estado Social y democrático de Derecho como es el nuestro, es inhumano e injusto quitar a los que menos tienen lo poco que les queda.

Por eso es necesario frenar el cúmulo de recortes que inciden especialmente en las personas más desfavorecidas y reivindicar que la IGUALDAD no es solo un principio constitucional, ni un artículo más de la Constitución Española, sino que debe ser un Imperativo Categórico que hay que EXIGIR como sociedad.

Francisca Martín Rubio

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