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Cada vez se ponen más parches y cada vez son más finos.

mafalda y gente sin hogar

Como trabajador social que lleva más de diez años trabajando en contextos de pobreza y exclusión social, concretamente con personas sin hogar (PSH) en Granada, me parece importante compartir con el resto de profesionales y personas interesadas, la realidad de este colectivo, su complejidad y su situación en el contexto actual.

Si entendemos la exclusión social como un proceso, las PSH estarían en su última fase. Teniendo una visión multidimensional, varios son los factores que influyen en este proceso:

  • Factores estructurales (Estado de Bienestar Social débil, mundialización de capitales y mercados…);
  • factores familiares/relacionales (nuevas formas de familia, separaciones, divorcios, violencia y malos tratos…);
  • factores personales (enfermedad física y mental, adicciones, patología dual, delincuencia…); y
  • factores culturales (insolidaridad, individualismo, competitividad…)

La intervención idónea, y como fomentan nuestros políticos, estaría estandarizada en los siguientes objetivos:

  1. Primer objetivo, a corto plazo: Alojamiento y manutención.
  2. Segundo objetivo, a medio plazo: Recuperación de hábitos de higiene, sanitarios, alimentarios, de habilidades personales…
  3. Tercer objetivo, a largo plazo: Inserción social y laboral.

Estos objetivos se centran en la persona y dejan de lado el contexto, al mismo tiempo, existe un gran abismo entre la teoría y la práctica. La ciudad de Granada cuenta con un número de plazas de albergues muy inferior al número de personas sin hogar, el primer objetivo y a corto plazo es inalcanzable.

Además,  por las características de estos centros las personas con drogadicción y/o con problemas de salud mental no son atendidas, lo que excluye a la mayoría. Pero no se trata de crear un albergue de 300 plazas, donde almacenar a este colectivo, sino de denunciar las incoherencias de las políticas, de su distanciamiento de la realidad y  del énfasis en los recursos asistenciales baratos frente a las reformas estructurales.

 Las personas van pasando filtros y al final la mayoría son atendidas por centros de baja exigencia o caritativos. Se ven envueltas en un círculo vicioso, donde se fomenta cada vez más el asistencialismo barato, repercutiendo en una verdadera intervención de la problemática y perpetuando la situación.

Por ejemplo, durante estos días el Ayuntamiento de Granada esta subastando la gestión del Centro de Encuentro y Acogida al postor más barato. En este centro se atiende a personas que han tenido o tienen alguna adicción, en su mayoría personas sin hogar, que son atendidas a diario y que en el contexto actual, no solo  carecen de medios reales para cambiar de situación, sino que esta se ve agravada por el aumento de la pobreza y las desigualdades sociales.

Estamos asistiendo a la desarticulación de los principios de justicia e igualdad social, y al mantenimiento de intervenciones  impuestas por las diferentes instancias de poder, desconectadas generalmente de la propia realidad social y por lo tanto inútiles.

Raúl Ramírez

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