Negro y malva

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A Leonor, la madre de Inés, le gusta el bullicio de estos días. Inés y yo nos hemos venido al mar. Ella juega en la arena, ajena a los festejos. Descubrió el gusto por el silencio, pero dialoga con las olas que llegan, una tras otra, a sus piececitos.
Sopla fuerte la brisa, es temprano y estamos solas.

Cuando la miro, abandonando mi libro de lectura, me veo a mí, en la lejanía del tiempo. En la bruma del mar evaporado revivo años de mi infancia.

Aquella “Longa noite de pedra” que escribiera Celso Emilio Ferreiro (Larga noche de piedra) que la dictadura puso de fondo a nuestra existencia, nos privó de casi todo. A muchos, muchos, de la vida, y a otros muchos ¡de tantas cosas!.

El mundo real era, sobre todo, local. No entraba el exterior por las pantallas del televisor o del ordenador, las librerías censuradas, y los visitantes que llegaban de paso, nos traían así mismo otra realidad local, fraccionada.
Si durante todo el año el peso de lo clerical era abrumador, en esos días denominados santos, lo invadía todo.

Semana Santa.

Semana Santa en la que no se detenían los fusilamientos al amanecer.

Cerrados los bares y el cine, sólo quedaban los “oficios religiosos”. Música sacra en la radio a todas horas, interrumpida por la retransmisión de las procesiones lejanas, lejanísimas, en aquella España destruida e incomunicada, que paseaba a la Macarena con el fajín de un general golpista. (Aún lo hacen hoy).
Como todas las niñas del pueblo, cogida de la mano fuerte de mi padre, asistí por 1ª vez a las funciones religiosas.
¡Quedé fascinada!
Descubrí el teatro.

Sobre un manto de cabezas de toda la gente apiñada en la planta de crucería del templo de piedra, se alzaba la voz grave de un hombre (jesuita) que subido a un púlpito hipnotizaba con su palabra, relatando el “sermón de las siete palabras”.

Conocí así personajes que, aún hoy, caminan por las calles de Granada ataviados de negro y oro, de plata y malva a hombros de cofrades y “hermanos”.

Descubrí un espectáculo que afectaba a los sentidos, una representación ofrecida en dos lenguas, latín en el altar y castellano en el púlpito, incienso, cera, color, órgano, ropajes, relatos con palabras poderosas, magnetismo, susurros al unísono de oraciones miles de veces repetidas en el tiempo…

Semana de Pasión y muerte.

Durante esta semana se ha celebrado a lo largo y ancho de nuestro país la más magnífica representación ritual que pueda darse en nuestro planeta. Ciudades, plazas, calles, pueblos congregados alrededor de una variada imaginería.

Sentimientos en revolera con trompetas y tambores de banda sonora. Emociones, mística, fetichismo, liturgia. 2.000 años de guiones sobre los mismos hechos: pasión, muerte y resurrección.
En esta S. Santa de hoy hay también un guión que no está oculto pero que no se representa.
.- Francisco lava y besa los pies a 12 jóvenes en Roma. En Granada hay más de 12 jóvenes que no pueden hacer tres comidas diarias.
.- Jesús, no el del gran poder, sino ese otro que hemos visto deprimido y desesperado porque sin trabajo no puede mantener a su familia, sabe que Judas ha vendido su futuro, embozado en un despacho, por mucho más que treinta monedas de plata.
.- Herodes sigue lavándose las manos en el agua de la desigualdad, de la inevitabilidad, de la indecencia.
.- El Cireneo viste “Túnica naranja”

porque sabe que la pasión y muerte se extiende más allá de esta llamada semana santa.

Inés intuye que ha pasado mucho rato y se acerca. Me toca para llamar mi atención porque me encuentra en ese estado que tanto me gusta estar frente al mar: mirar sin ver, con la imaginación al viento.

Cuando cojo su manita suena el teléfono. Es Leonor, está en el Padul, y aunque confía en nosotras quiere comprobar que todo va bien.
Regresamos, caminando por la playa y jugando con las palabras:
.- Inés ¿Me quieres?
.- Mucho
.- Y…¿cuánto es mucho?
.- Pues…mil, doscientas mil, ocho.

Mis emociones no estaban en el guión.

María

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