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Undanganin o Mercedes, el peso de la justicia.

A continuación os transcribo una carta que me ha enviado Mercedes, le pedí que nos contara su experiencia, por tener otro punto de vista. He cambiado los nombres propios pero el resto es literal, la imagen que encabeza este post es la carta original. Leticia

la foto

El día 19 de Noviembre de 2012, me presente voluntariamente en el Centro Penitenciario para madres de una provincia andaluza, ya que me habían notificado la Audiencia Provincial de Granada una sentencia firme.
Desde mi primer día de estancia en la prisión, he tenido mucho apoyo tanto familiar como profesional, por parte del ETF (Equipo de Tratamiento Familiar) del pueblo donde vivía como de la Dirección y Junta de Tratamiento de la prisión.
Entré en el módulo de madres ya que tengo, y decidí cumplir condena con mi hijo, que tiene 2 años y medio de edad.
Fui recibida por mi Jefe de Servicio llamado Dº Carmelo y un subdirector de nombre Dº Juan. Estos me acompañaron a ingresos, donde me dejaron con dos funcionarios para iniciar los trámites.
Mi hijo se quedó muy impactado, al ver gente desconocida y uniformada, pero dichas funcionarias nos dieron un buen trato y jugaron mucho con él para que todo le fuese al menor más ameno.
A continuación entré al módulo y me quedé muy impactada al ver a algunas madres. Además, yo sentía que esto no estaba hecho para mi, y aún menos cuando después de dos años había cambiado tanto mi vida para bien y de golpe me encontré con esto y también por querer quitarle causas a mi pareja (padre de mis hijos) y por esto me veía aquí.
Llegó la hora de almorzar en el comedor con las demás internas y me sentía muy observada. Después comprendí que era normal porque era nueva.
Mi adaptación al centro fue y sigue siendo favorable, ya que no tuve, ni tengo problemas con las normas y horarios. Las normas son las siguientes de un módulo de respeto y de madres:
• Tener aseados y cuidados a los niños y vigilar que su alimentación esa correcta.
• Guardarnos el respeto entre las internas.
• Cumplir con normas de funcionarios y actividades
• Tener higiene en la habitación y cumplir con la higiene del módulo

La adaptación de mi hijo, ya que es mayorcito y entró de la calle fue un poco complicada. No quería comer, no quería jugar, solo quería estar en brazos y gritaba mucho los nombres de mis familiares. Solo le gustaba ir a la guardería, ya que DªMaría que es su profesora le puso mucho cariño e interés.
Yo me sentía mal, sobre todo porque el niño no comía, pero en el plazo de dos semanas el niño pasó su período de adaptación y todo cambió; se relacionaba y comía. Algunas internas en concreto y funcionarias me ayudaron mucho para que esto sucediera así. En estos momentos el niño es feliz.
A las pocas semanas de estar adaptados y bien en el centro, me tuve que ir a otra prisión porque tenía que volver a ser juzgada. Durante ese tiempo mi hijo se fue con mi familia.
Mi salida de aquí fue muy traumática, ya me llevaron en el autobús de la Guardia Civil (periférica) enjaulada. Tras 15 horas de conducción, haciendo paradas en otras prisiones, llegué a la prisión de la ciudad donde era el juicio, y allí sí me di cuenta de lo que es verdaderamente la cárcel.
Mi primer día me quería morir allí, cuando yo vi cómo corría la gente por la metadona, por la medicación, cómo se peleaban por la comida y por todo, el trato que se dan entre ellas y sobre todo el no guardarle un respeto a los funcionarios.
Había cuatro presas de eta, que eran las más civilizadas y correctas del módulo de aproximadamente 120 mujeres.
No podía creer dónde estaba, todo lo vía negro, no me considero de ese tipo de personas que no luchan por su libertad, solo saben buscarse problemas, hasta ahí dentro.
Los días se me hacían eternos y solo pensaba en que llegase la hora de encerrarme para no estar rodeada de todas esas personas y no tener problemas, me daba pánico.
Solo me sentía bien y me trasladaban tranquilidad cuando me visitaba las ETF (Equipo de Tratamiento Familiar), me decían que estuviese tranquila que ya mismo se iba a acabar aquello, que para mi era una pesadilla.
El día de mi conducción de vuelta, me llamaron por megafonía y me dijeron que me iba de cunda, yoyo votaba de alegría, no podía creer que todo había acabado, aunque me dejaba atrás a mi pareja.
Salí al cabo de veinticinco días, pasé la noche en otra prisión y al día siguiente llegué a mi destino. Cuando llegué fui recibida con mucho cariño por parte de los funcionarios y de la Junta del Centro. Llegué rebozando de alegría y tenías muchas ganas de estar con mi hijo. A los pocos días llegó mi hijo muy feliz, ya no extrañaba nada. Desde el `primer día, parecía que no se hubiera ido para la calle, ya que yo temía que iba a sufrir otra vez al volver.
A veces me siento mal por tener mi hijo que pasar por todo esto, pero me doy cuenta que él es feliz estando conmigo esté dónde esté. A lo mejor soy egoísta, pero no me siento capacitada para estar en una prisión. Si tuviese que cumplir mi condena en una prisión de mujeres, me moriría.
También él me da mucha fuerza para seguir día a día luchando por mi y por sus hermanos que están en la calle. El me hace ser aún más fuerte. Cuando los domingos se va de excursión soy feliz porque él vuelve muy contento, pero a la vez me siento vacía.
Aunque mi estancia aquí sea buena solo quiero luchar para salir lo antes posible de aquí, porque aunque sea una prisión de madres y un poco diferente a las demás no deja de ser una cárcel y estar privada de libertad. Solo quiero salir de aquí y seguir con mi vida correctamente y darle a mis hijos lo básico; amor y cariño de madre, educación, higiene y un techo digno de unos niños.
En agradecimiento a la Dirección y al Equipo Técnico del Centro, en fechas muy señaladas; como Navidad, nos la han hecho más amenas, recibimos regalos los niños, como las madres, unas cenas especiales los días 24 y 31 de Diciembre. También nos visitaron unos coros cantando villancicos, nos visitaron miembros de la Iglesia como: sacerdotes, monjas… y celebramos la misa del Nacimiento de Jesús.
También se han celebrado otras fechas como los cumpleaños de los niños/as del centro. La Semana Santa con comidas de dichas fechas y su correspondiente misa, y ramas de olivo el Domingo de Ramos.

Mercedes

 

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