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REPENSAR EL ESTADO DE BIENESTAR

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No hay políticas sociales sin democracia. Y sí, hago está afirmación desde la más profunda convicción personal e intelectual. Asistimos, no sin pesar, a una continua poda de prestaciones económicas, sociales, sanitarias… que se traducen, irremisiblemente, en una interrupción, un corte, a la democracia. Porque se nos está privando de beneficios, eso es incuestionable, pero también se nos está privando de derechos.
Cuando explico a mi alumnado de la Universidad, que el Estado de Bienestar es un garante de democracia y de convivencia pacífica, no paso por alto que el Bienestar Social tiene distintas expresiones y que dependiendo del lugar en que este se produzca y el entorno político y económico que lo garantice, su desarrollo eficiencia y eficacia van a ser diferentes.
Tampoco paso por alto explicar que el Estado de Bienestar nació para favorecer al sistema capitalista, un sistema capitalista redefinido, alejado del capitalismo inicial en la revolución industrial, pero al fin y al cabo, capitalismo.
La intervención del Estado en materia social y económica no solo acoge a las clases trabajadoras, sino que basándose en la idea de economías mixtas, la empresa privada también encuentra amparo en estos modelos de Estados.
Pues bien, son estos modelos los que nos tenemos que cuestionar. Es muy fácil decir que la crisis económica está causada por la crisis del Estado de Bienestar, cuando en la práctica las crisis económicas son provocadas, todos lo sabemos, y la causa de las crisis del Estado de Bienestar viene orquestada por esas crisis económicas de las que tantos beneficios obtienen los especuladores.
Es necesario reflexionar que echarle “la culpa” al Estado de Bienestar de la crisis económica, no es más que una burda excusa para suprimir los derechos sociales y económicos que tanto esfuerzo ha costado a las democracias. Una vil estrategia para elevar a lo más alto al poder económico con privatizaciones masivas y pérdida de control financiero por parte del Estado.
Y es que es significativo que en países socialdemócratas, particularmente los nórdicos, la crisis económica es asumida con más Bienestar Social, más prestaciones, más beneficios, más atenciones… El concepto de inversión social late desde lo más profundo de las acciones directivas de estos modelos de Estado, poniendo el acento en más atención a la infancia, especialmente en la edad comprendida entre 0-3 años para facilitar realmente la conciliación familiar y laboral.

Una inversión social, que no descuida la inversión en capital humano de todas las edades, que dinamiza la flexibilización laboral con seguridad y que compatibiliza la inmigración con competencia favoreciendo la integración.

Debemos analizar que nuestro modelo de Estado Social, ese que tanto defendemos, dista mucho de lo anteriormente relatado y que en su redefinición deberíamos repensar que ese ideal familiarista está obsoleto, que es preciso un Estado de Bienestar con una política social modernizada, acorde con los nuevos modelos familiares. Que así sea.

Blanca Girela

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