Desindexar, esa palabra que no existe.

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Quieren desindexar a mi amiga Sofía. Ya está echando cálculos, cuando esté desindexada habrá de guardar la pipa en un cajón.
Quieren desidexar a mi amiga Elisa. También echó cálculos. Tiene que optar. Cree que cuando esté desindexada, tendrá que prescindir del yogur. Habrá que dejarlo para las nietas. Su hija, parada, ha vuelto a casa.

Quieren desindexar a mi hija, que trabaja en SS. SS. no se sabe por cuanto tiempo. Ella echa también cálculos. Pero sobre los efectos de la medida en todas esas personas a las que atiende día tras día, que no resistirán otra vuelta de tuerca más sin que reviente el tejido social por las costuras.

Leonor, la mamá de Inés, no tendrá el privilegio de ser desindexada. No tiene trabajo.

La veo llegar con la expresión de la derrota, harta de buscar y buscar el trabajo al que todas las personas tienen derecho, y que el gobierno no garantiza.

La mando sacar a Cáctus y a Inés. Las observo desde el balcón. El amor y la inocencia embellecen. Cuando regresan, animan la casa y nos disponemos a hacer la cena.

Desindexar. Palabra que no existe.

La inventó una mujer ambiciosa. Tanto, que con su comportamiento emitió un pésimo mensaje social.

Para no perder la ocasión de acaparar todo el poder que tiene, prescindió del permiso de maternidad, ese logro que se ha conseguido con lucha social. Eligió estar en El Ejecutivo desde el primer momento. Y desde el gobierno se inventó la palabreja para disfrazar el hachazo.

Cuando hablo de esto con Leonor, la mamá de Inés, me dice que Soraya S. de Santamaría no la representa, ni podrá entender jamás la desesperación de una madre que primero pierde su empleo y después su casa, y sólo le queda la posibilidad de enfrentarse a ese destrozo luchando en la calle con una camiseta naranja.

Desindexar.

Palabra cobarde, inventada para ocultar la verdad. Palabra ofensiva e irrespetuosa.

Al gobierno le parece que es un despilfarro para el país que los salarios y las pensiones estén indexadas, estén vinculadas a la fluctuación del IPC (índice de precios al consumo) para su revalorización. Así que pretende desindexarlos, desvincularlos, así podrá dejar estancados, congelados, salarios (todos no, claro) y pensiones.

Esa mujer ambiciosa, que desde el televisor se dirige a nosotros los viernes, después del Consejo de Ministros, no tiene reparos en inventarse una palabreja que esconde un efecto de mayor empobrecimiento, una mayor demanda de servicios sociales, una mayor injusticia social.

Yo, desde ya mismo, proclamo que quien debe desindexarse es el gobierno.

Así que considero roto el vínculo del gobierno con la LEGITIMIDAD. La legalidad se alcanza participando en el juego electoral. LA LEGITIMIDAD se gana o se pierde en el ejercicio diario del poder. Y este gobierno la ha perdido, rescatando bancos y condenando a personas a la exclusión.

Cuando llegue el momento y me desindexen, me pillarán luchando con camiseta verde, con camiseta blanca, con camiseta naranja…en todas las mareas ciudadanas.

María

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