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Volando en V

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Al volver de la cocina con el café recién hecho, encontré a mis amigas muy entretenidas. El tema era interesante. Mientras se servían continuaban tratando acerca de la diferencia entre “vida contemplativa” y contemplar la vida.

Mercedes, la vecina del 2º A ya se sumó a nuestras tardes de los miércoles. Chapotea, intentando saltar. La temperatura del agua ya no le resulta soportable. Necesita especular sobre su futuro. Tiene mucha incertidumbre – nada extraordinario para los tiempos que corren – y dice que envidia a las monjitas de clausura, las de “vida contemplativa”.

.- Esas sí que no tienen problemas – dice.

Yo creo que Mercedes contempla la vida como si fuese un mural románico. Pero no es cuestión de enfrentarla de golpe a un paisaje con perspectivas…

Entonces, Sofía, entre calada y calada de su olorosa pipa me dijo:

– “El Gran Ausente” no se inmuta, María.

Soy consciente de que a medida que pasan los días y los meses, podemos caer en la melancolía que puede detenernos. De repente, les pregunté:

– Vosotras… ¿Cómo voláis?

Por un instante temieron que estuviese proponiéndoles un vuelo en parapente o en globo. Me conocen y saben que es una de mis aventurillas pendientes.

– ¿Habéis visto como vuelan los patos?

Dicen que la vida se vive. Yo creo que se vive y se contempla.

Mercedes encuentra un tanto extrañas nuestras conversaciones. Ella suele hacerse pocas preguntas y suele aceptar las respuestas al uso.

Sofía vuelve a encender su pipa y me pide que no deje el suspende. Y eso hago.

La ciencia ha descubierto que los gansos vuelan formando una “V” porque cuando cada ave bate sus alas, produce un movimiento en el aire que ayuda al ganso que va detrás de ella.

Volando en “V”, toda la bandada aumenta por lo menos un 71% más su poder de vuelo, que si cada una lo hiciera sola.

Cuando compartimos una dirección común y tenemos sentido de comunidad, podemos llegar a donde deseamos, más fácil y más rápido. Este es el beneficio de apoyo mutuo.

Cada vez que un ganso se sale de la formación y siente la resistencia del aire, se da cuenta de la dificultad de volar solo y de inmediato se incorpora de nuevo a la fila para beneficiarse del poder del compañero que va delante.

Si tuviéramos la lógica de un ganso, nos mantendríamos con aquellos que se dirigen en nuestra misma dirección.

Cuando el líder de los gansos se cansa, se pasa a uno de los puestos de atrás y otro ganso toma su lugar.

Obtenemos resultados óptimos cuando hacemos turnos para realizar trabajos difíciles.

Los gansos que van detrás, producen un sonido propio de ellos, y hacen esto con frecuencia, para estimular a los que van adelante a mantener la velocidad. Una palabra de aliento produce grandes resultados.

Finalmente, cuando un ganso enferma o cae herido por un disparo, dos de sus compañeros se salen de la formación y lo siguen para ayudarlo y protegerlo. Se quedan con él hasta que esté nuevamente en condiciones de volar o hasta que muere, sólo entonces los dos acompañantes vuelven a la bandada o se unen a otro grupo.

Si tuviéramos la inteligencia de un ganso, nos mantendríamos siempre uno al lado del otro, ayudándonos y acompañándonos. Esto se llama: Trabajo en equipo.

La satisfacción asomaba en la cara de mis amigas. Habían entendido muy bien el ejemplo. Comprendieron perfectamente que el pasado 23 F se había producido uno de los relevos. Muchas mujeres, vestidas con camiseta naranja, habían volado en la cabeza de la “V” por las calles de Granada, para que no se pierda la lucha por los derechos, para mantener vivo ese vuelo que la humanidad comenzó hace mucho, mucho tiempo.

A mis amigas y a mí nos gusta vivir y contemplar la vida.

 

María

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