Resiliencia

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Cuando el calor vaya desalojando las plazas habremos de crear espacios para la palabra, espacios para la resistencia.

En la escuela nos enseñaron que el espacio y el tiempo son mensurables, se pueden medir, y para ellos han inventado instrumentos, como el reloj y la cinta métrica.

Ahora, que hemos crecido, sabemos que no es tan así… El espacio se hace cada vez más grande, y el tiempo, aunque no retorna tiene el valor que queramos darle.

Así que el salón de mi casa, tras la partidita de los miércoles, que tanta falta nos hace para las risas en amistad, se adapta, para contener “palabras de plaza”.

Durante la semana nos traemos mucho jaleo con el WhastsApp: programamos, contraprogramamos…hasta que elegimos un tema

La ganadora tiene que encargarse de prepararlo, y si necesita apoyatura visual no hay problema, tendemos un cable del ordenador a la tele y “palante”.

Esta semana ganó la propuesta “Toro sentado”, mi amiga Sofía. La llamamos así porque fuma en pipa. Nos aromatiza a frambuesa con las caladas y da al ambiente un aire de conspiración.

Comenzó así:

Para mí, las palabras le dan coherencia al mundo. Cuando un día de sus “Cien años de soledad”, una peste atacó a los habitantes de Macondo, éstos se dieron cuenta de que el conocimiento del mundo empezaba a escapárseles, por lo que podían llegar a olvidar qué era una vaca, qué era un árbol, qué era una casa.

El antídoto, descubrieron, radicaba en las palabras.

A fin de recordar qué significaba para ellos su mundo, escribieron letreros y los colgaron de las bestias y los objetos: “Esto es un árbol”, “Esto es una casa”, “Esta es la vaca, hay que ordeñarla todas las mañanas para que produzca la leche”

Las palabras nos dicen qué creemos, como sociedad, qué es el mundo. Qué creemos que es: Ahí estriba el reto.

Al emparejar palabras con experiencia y experiencia con palabras, pasamos por el tamiz las “visiones del mundo” que quieren que creamos.

 Heráclito dijo que no podemos sumergirnos dos veces en la misma agua. Pues yo os digo, que no podremos creer dos veces las mismas mentiras.

 A esta altura, Sofía ya nos había dejado a todas pensativas y con ganas de intervenir. No era para menos. Todas intuíamos cual sería nuestro rumbo, ahora que el cansancio ya nos hacía mella.

Sabíamos que el tiempo, esa dimensión inconmensurable, se alía con los poderosos, ellos pueden esperar el desgaste de las mareas, la blanca, la verde, la negra, la naranja…

Pero hemos de saber también que tenemos que aguantar para testimoniar.

Seremos “rexilentes”.

Como en Macondo, pondremos letreros y nombres, en los oídos, en las puertas, en los blogs, en cada sitio donde haya quien vaya olvidando que tenemos derechos sociales que nos están robando.

Sofía, satisfecha porque lo habíamos entendido muy bien, mientras recibía nuestros aplausos nos iba entregando un papelito para nuestra cartera.

En el mío ponía:

“Tu estado de ánimo es tu destino”: Herodoto.

La resiliencia es la capacidad que tiene una persona o un grupo de recuperarse frente a la adversidad para seguir proyectando el futuro. En ocasiones, las circunstancias difíciles o los traumas permiten desarrollar recursos que se encontraban latentes y que el individuo desconocía hasta el momento.

María

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