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PASTILLAS PARA LA CRISIS  ALGO EN QUÉ PENSAR

 queleden

Esta mañana por suerte he ido a trabajar como todos los días, llevo más  de 20 años haciéndolo.

A lo largo de todos estos años como trabajadora social he vivido muchas  situaciones dramáticas y estresantes que han alterado mi bienestar  personal, pero también me han dado alguna satisfacción.

Ser trabajadora social me ha ayudado sobre todo a crecer como  persona, a valorar todo lo que me rodea y a tratar de comprender a otras  personas que viven diariamente problemas tan dramáticos que de no ser  por mi profesión, probablemente jamás hubiera conocido ni comprendido.

El trabajo social me ha permitido conocer historias de vida muy tristes,  pero también me ha permitido acompañar estas historias durante algún  tiempo, y en alguna ocasión ser útil y ayudar a mejorarlas.

El trabajo social ha cambiado mi actitud hacia las personas y aunque no  ha cambiado mi estilo de vida, me ha hecho creer en la igualdad y en  que es necesario que todas las personas ocupen su lugar en la  Comunidad, por encima de prejuicios y estereotipos.

Recuerdo mis comienzos en el año 85, plena crisis de la heroína en  España, “yonkis” desesperados robando por doquier, muertes por  sobredosis, y altas dosis de sufrimiento familiar.

No había recursos públicos para el tratamiento de estas personas, las  madres desesperadas acudían al médico a plantear los problemas de  sus hijos e hijas, que un día probaron la heroína y al poco tiempo se  habían convertido en personas totalmente desconocidas.

Los médicos se vieron desbordados porque no sabían como tratar  esta problemática. Ni los de la recién estrenada Atención Primaria, ni  los de Salud Mental entendían esta enfermedad que como sabemos, no  se cura sólo con pastillas. No se trataba de una enfermedad común, y la  medicación facilitada no resolvía los problemas.

 El modelo médico sanitario de intervención en drogodependencias  no obtuvo el resultado esperado, porque el síntoma toxicomanía no es  más que la punta de un iceberg de una problemática mucho más  compleja que ponía de manifiesto carencias y conflictos personales,  familiares y relacionales de distinta naturaleza, que desde la medicina no se puede tratar.

Para dar respuesta a esta compleja problemática, se crearon Equipos Interdisciplinarios compuestos por médicos, psicólogos y trabajadores sociales, para abordar una problemática bastante más  que orgánica.

Se apostó por un modelo de intervención integral, donde se tienen en  cuenta tanto el tratamiento de los aspectos orgánicos, como de los  psicológicos y por supuesto de los sociales.

El abordaje social del tratamiento de las drogodependencias, el  conseguir que las personas consigan un lugar en su comunidad,  adquiriendo un estilo de vida elegido por ellos (con abstinencia a  las drogas o sin abstinencia), pero satisfactorio y lo menos lesivo  para ellos y para su entorno, es el Gran Objetivo Social de la  intervención con personas drogodependientes.

El modelo biopsicosocial ha demostrado ser eficiente, planteando  diversas fases en el proceso de recuperación de las personas  drogodependientes: Acogida, Desintoxicación, Deshabituación e  Incorporación Social, y desarrollando un verdadero trabajo en equipo, en  estos casos imprescindible, donde no hay protagonismos profesionales,  sino prioridades terapéuticas según los casos.

El protagonismo lo adquieren las personas usuarias y sus familias,  no los profesionales, éstos acompañan temporalmente en estos  procesos de cambio, según los objetivos prioritarios establecidos en  cada momento, consensuando objetivos con la persona afectada y/o su  familia.

Cada profesional, médico, psicólogo, trabajador social, o educador  trabaja con el usuario, aquellas dificultades que son propias de su  especificidad y la importancia de la intervención, viene determinada  en función de las necesidades planteadas por las personas  usuarias, no en función del corporativismo profesional.

En la primera fase de Acogida es el/la trabajador/a social quien inicia el  proceso terapéutico, recogiendo la demanda de las personas usuarias y  realizando la primera valoración y priorización de objetivos.

Los profesionales encargados de realizar el trabajo terapéutico en la  fase de Desintoxicación son los médicos.

Las Fases de Deshabituación, y de Incorporación Social son las más  complejas y difíciles de delimitar las intervenciones profesionales,  porque ambas contienen el grueso del tratamiento. Los aspectos  psicológicos y sociales de las adicciones caminan juntos por lo que  Psicólogos/as y Trabajadores/as Sociales son los especialistas  encargados de su atención.

Aunque este modelo en sus inicios se planteó para dar respuesta al  problema de la adicción a la heroína, a lo largo de todos estos años,  ha demostrado su utilidad en el tratamiento de todas las adicciones, incluidas las adicciones sin sustancia (juego patológico,  tecnologías, etc..)

La Reforma de la Administración Local puede poner en peligro  todos los avances conseguidos en los últimos 25 años, y que  gracias a ellos, la problemática de las adicciones actualmente no es  vivida como uno de los principales problemas sentidos por la ciudadanía.

Convendría no olvidar que esto es debido a que actualmente  existen Recursos Públicos y gratuitos para sus tratamientos.

¿Podríamos volver a la crisis de los 80 y dar como única respuesta  a un problema tan complejo, unas pastillas?

Blanca Molina M.  Trabajadora  Social

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