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La soledad de un viejo activista.

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Cuando empezó la crisis, o más bien cuando me di cuenta de la importancia de esta crisis y de que los más castigados serían las clases sociales más débiles, tomé consciencia de que solo un movimiento social podría pararlo o a lo menos atenuarlo. Tuve el falso convencimiento de que los encargados de parar el ataque al pueblo serían los que más estaban sufriendo las medidas de este sistema neoliberal, los parados, (por aquellos tiempos eran 5 millones) y tuve contactos con sindicalistas en Madrid intentando convencerlos para movilizarlos, fue inútil, los sindicatos no eran o no querían ser conscientes de la importancia de los sucesos que nos esperaban.

Cuando tomo una determinación no hay nada que me impida continuarla, por lo que insistí en otro sector (asociaciones de parados) igual respuesta, el conformismo o la creencia de que esto era pasajero. En este intento me entero de que un grupo de ciudadanos denominados Democracia Real Ya habían convocado una manifestación en toda España. Acudí a ella sin mucho convencimiento, salía de la Caleta, me senté en un banco a la sombra, a lo lejos, bajo la marquesina había un grupo pequeño de personas con pancartas en el suelo, me sentía desanimado y estuve a punto de irme, entonces aparecieron unos muchachos con unas cruces que parecían de escayola, esto animó mi curiosidad para seguir, fueron llegando más gente y mi entusiasmo subía de grados, las consignas se iban sucediendo y hubo una con la que me sentí identificado, quizás por mi frustración con partidos y sindicatos: “no nos representan”

Partió la manifestación y mi entusiasmo ya estaba desbordado, mis pensamientos me trasladaban al pasado, a un 4 de diciembre cuando sacamos a la calle a 120,000, la cantidad no era la misma, pero la importancia del hecho, para mí era igual, el lenguaje y las consignas tampoco eran las misma, aquella manifestación era de partidos y sindicatos, esta era de ciudadanos contra partidos y sindicatos, como los sentimientos tampoco eran iguales, la del 4 de diciembre era la marcha de la esperanza, esta era la de la decepción, por lo menos para mí.

Después los acontecimientos se precipitaron, mi incorporación como activista al movimiento, actuaciones con ellos…aún me parece que el 15 de mayo del 2,011 fue ayer. En todo este trayecto han sido muchas las emociones y sentimientos que me han acompañado en este recorrido aunque todas he querido ubicarlas con entusiasmo, sin embargo hoy me atenaza un sentimiento, soledad, puede que sea por este mes un poco pasivo. O puede ser porque en las posturas más importantes me haya encontrado solo, aunque nunca lo he estado, hay compañeros que siempre nos hemos apoyado conjuntamente, para ellos mi agradecimiento.

Este sentimiento de soledad es producido por la poca implicación en objetivos que creo hubieran cambiado muchas cosas. Porque, ¿Qué hubiera pasado si cuando me declaré en desobediencia civil por el copago hubiera sido seguido por muchas personas? O cuando en aquella reunión de DRY, próxima las elecciones generales del 20 de noviembre, donde propuse aconsejar el voto a todos los partidos de izquierdas y sobre todo aconsejar una necesaria implicación en votar, a los ciudadanos. En esta reunión me sentí solo, pero lo que más me preocupó fue lo que se dijo: prefiero que gane el Partido Popular a que gane el PSOE, los acontecimientos hablan por sí solos. Después, compañeros del 15M me aconsejaron formar un grupo de yay@s en Granada, siempre muy ayudado por ellos, lo formé, en septiembre cumplimos un año, respecto a las personas mayores que debían de ser las que más tenían que haberse implicado, nos hemos sentido muy solos, una compañera y yo llevamos desde septiembre ejerciendo acciones muy significativas, siempre ayudados por jóvenes, pero completamente desasistidos por los que más le correspondería, por las personas mayores.

 Este escrito que puede parecer que no tenga relación con la dependencia, la tiene y mucho. Va dirigido a nuestras naranjitas, estas chicas que tanto nos han ayudado, y tan relevantes cosas han hecho, las vemos un poco cabizbajas, unas porque no se tienen en cuenta sus proyectos, o no han tenido la relevancia que le corresponden, desde nuestra experiencia os decimos: no os preocupéis, esto es así, y solo el tiempo puede dar la razón a proyectos rechazados, de esta forma se dará relevancia a proyectos futuros. Muchas veces por innovar estrategias para romper una rutina atrapadora hay que pagar un precio, la soledad.

Manuel Fernández Martín

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