Tregua

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Me he subido al norte.

Al país verde, ventoso y marinero.

Me refugio entre amigas y amigos, a recuperar las conversaciones de siempre, esas que en verdadera amistad solo quedan interrumpidas a la espera del nuevo reencuentro.

Disfruto de su lengua, sus costumbres, sus músicas, sus relatos… Mis amigos me contagian su fuerza, y está bien reponerla.

Porque siento con orgullo mi cultura del Sur disfruto con mis amigos su cultura del Norte. ¡Qué bien me sienta!

Sienta bien abrir una tregua y dosificar las fuerzas, porque la guerra es larga. Viene de muy lejos y llegará mucho más allá de mi existencia.

Soy parte de una cadena humana que se une mano con mano para resistir.

 Por eso he tomado una tregua.

Durante unos días no escucharé ni leeré más mentiras. Esas marionetas del Poder que venden nuestras vidas al diablo, vomitan basura pretendiendo enterrar bajo toneladas de mierda los cadáveres que sus actos políticos van generando.

Me tomo una tregua. Frente a las pantallas he dejado un maniquí vestido de lagarterana. Es mi respuesta a tanto insulto a mi inteligencia

Y me he refugiado entre amigos, brumas y mar.

Ellos me cuentan sus luchas del último curso contra “La bestia”, esa que engulle maestros, médicos, asistentes sociales, becas, viviendas, medicamentos, tarjetas sanitarias, puestos de trabajo, años de vida…

Al principio no, pero ahora me lo cuentan todo en gallego, la lengua que sienten con el corazón y el cerebro, porque saben que les entiendo y que me ensancho comprendiéndoles.

“La bestia” nos predica desde los púlpitos mediáticos lo malos que son los que no se someten a la uniformidad dirigida. “Los predicadores” de la ruptura de España no tienen problemas con los idiomas, hablan todos, y transaccionan en la “misma moneda”, porque entre bueyes no hay cornadas.

Las víctimas de su avaricia tragamos sus discursos mediáticos, que solo buscan debilitarnos, dividirnos, olvidando que nunca son las lenguas con las que nos expresamos las que nos separan y empobrecen.

Acabamos viendo al enemigo en la base de la pirámide social, sólo porque hay  gentilicios diferentes para clasificarnos, cuando lo relevante es la palabra que define a la clase social a la que se pertenece.

Les da tan buenos resultados, que una y otra vez nos cuentan el mismo cuento, mientras en la cúspide de la pirámide se firman los decretos que nos empobrecen y roban la DIGNIDAD.

En este refugio del norte he contado a mis amigos la DIGNIDAD de las gentes del Sur.

Me agradó que conociesen el episodio protagonizado por una mujer, que rompiendo la liturgia de un pleno municipal, tomo la palabra – esa, a la que muchos de su clase social ha renunciado – para RECLAMAR públicamente su derecho a la DIGNIDAD.

Una licencia para venta ambulante, que permita conseguir unas monedas para llevar comida a sus hijos. Eso se pedía. Porque la dignidad de esa mujer vale muchísimo más.

 Un país con una renta media de 23.874 € anuales por persona, es incapaz de asegurar a todos sus habitantes la subsistencia a la que tienen derecho.

Y “las marionetas” de “La bestia” siguen vomitando mierda por los micrófonos para tapar la ignominia.

La banca española ganó 56.400 millones de euros desde 2.008, el importe de su rescate.

El gobierno fracasa en el único objetivo económico, el control del Déficit Público, marcado en un 3,8 para todo el año, y a estas alturas está ya en el 4,38%, a pesar de los inmensos recortes que recayeron sobre nuestros hombros.

Abren el curso político delante de un micrófono a la sombra de un castaño. Pero no hay castaño, por centenario y grande que sea, capaz de tapar la traición a la inmensa mayoría de este pueblo nuestro, que vota de buena fe, esperando que se gobierne teniéndole en cuenta.

Qué bien sientan las treguas. Esta me ha servido para constatar que no estamos solos en la defensa de nuestros derechos. Mis amigos han estado en la lucha del sector naval, en las mareas de todos los colores, “porque en la calle, codo con codo, somos mucho más que dos”.

Cuando las fuerzas flaquean, cuando el desánimo nos ataca, cuando la soledad nos envuelve, cuando los resultados no llegan, la última trinchera deberá ser siempre LA DIGNIDAD.

Porque así ha sido a lo largo de la lucha de tantos y tantas que nos han precedido. Ellos sabían que LA DIGNIDAD NO SE CONCEDE TREGUAS.

 

María

 

 

 

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