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MIRANDO ESTA ESTAFA CON OJOS DE MUJER

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ESTO NO ES UNA CRISIS, ES QUE YA NO TE QUIERO

La estafa económica que estamos sufriendo es, en parte, en palabras de Vicenç Navarro, el resultado de una crisis financiera internacional producida por la búsqueda de beneficios rápidos del capital, que ha roto cualquier relación entre la economía financiera y la economía real, con un modelo de producción y distribución globalizado, sin reglas, sin derechos y sin responsabilidad social.

Con el pretexto de la “crisis”, el capital ha aprovechado para instaurar un “Neoliberalismo” salvaje, que replantea el ya débil Estado del Bienestar, instaurando un modelo que perpetúa la desigualdad. Como explica Vicenç Navarro, se trata de liberar recursos del gasto público (salud, educación, servicios públicos), eliminando la inversión social y recortando las políticas sociales. Es un “Darwinismo” social, basado en un modelo de desigualdad socioeconómica, que impulsa la competencia y el individualismo, haciendo prevalecer la ley del más fuerte.

Una “crisis” que en nuestro país tiene connotaciones propias por las debilidades de un mercado laboral basado en la precariedad y los bajos salarios, con un crecimiento centrado en la construcción, la especulación inmobiliaria, el sector servicios y el consumo privado. Como explica Ada Colau, en una apuesta por un crecimiento fácil, rápido y cortoplacista, España se entregó durante años a la fiesta del ladrillo. Tipos de interés bajos, la liberalización del crédito y la posibilidad de mantener millones de viviendas  vacías, esperando a especular con ellas, sin penalización alguna. El estado propició la confusión del derecho a la vivienda con el derecho al crédito. En palabras de Ada Colau, “para que el país salga de la crisis  será imprescindible que sus ciudadanos lo hagan: por ello es imperativo lanzar un plan de rescate ciudadano, que frente al rescate bancario impuesto por las elites, prime los derechos fundamentales y las necesidades básicas de las personas, frente a la lógica especulativa de los mercados”.


DEL ESTADO DEL BIENESTAR AL ESTADO DEL “MALESTAR”

Mas allá del clásico debate sobre la defensa o crítica del Estado del Bienestar, y de la a todas luces necesaria crítica de lo que han supuesto los Estados del Bienestar en la segunda mitad del S. XX en Europa Occidental, y como muy lúcidamente plantea Carlos Taibo: en las discusiones sobre que hacer con el Estado del Bienestar están presentes materias tan sensibles como la sanidad, la educación, el desempleo o las pensiones, y teniendo en cuenta las críticas, habrá que atender las demandas lógicas que plantean las personas en estas materias.

Cuando hablamos de Estado del Bienestar nos referimos a diferentes intervenciones del Estado dirigidas a mejorar el bienestar social y la calidad de vida de la población, a regular las desigualdades del mercado, la protección de derechos, subsidios etc. Esto se realiza mediante servicios públicos tales como la sanidad, la educación, los servicios de ayuda a las familias (como las escuelas de infancia para niños de 0 a 3 años, los servicios domiciliarios para las personas ancianas y con discapacidades, las viviendas asistidas, los centros de día, las residencias de ancianos y otros servicios que ayudan a las familias), los servicios sociales, la vivienda social y otros servicios orientados a mejorar el bienestar de la población y la calidad de vida de su ciudadanía.
Los recortes en estos servicios han instalado al país en un  subdesarrollo que como denuncia Vicenç Navarro, persiste a pesar de la retórica del discurso oficial del país que coloca a la familia en el centro de la sociedad. A la luz de estos datos y del enorme subdesarrollo de estos servicios en España, puede deducirse la enorme hipocresía de la estructura de poder del país, que constantemente habla de la familia como el centro de la sociedad.

MIRANDO EL MUNDO CON OJOS DE MUJER

Se habla mucho de la crisis y sus orígenes pero poco de sus efectos socioeconómicos de género. La situación de las mujeres se agrava fruto de las políticas de ajuste estructural apoyadas por el FMI, y el BM, y con los recortes que acarrean estas políticas de gasto publico para los servicios sociales, que hacen recaer sobre las mujeres el trabajo de cuidados. Este trabajo, que se lleva a cabo en el espacio domestico, contribuye al proceso de producción de mercancías con un coste económico mínimo y oculto.  El progreso económico se realiza a costa del trabajo invisible de las mujeres en la esfera privada. El espacio familiar permite que los trabajadores sean devueltos al proceso de producción cada día, descansados, alimentados, satisfechos y amados. 


Como dice Francisca Granados “es claro que  la crisis actual no podemos contemplarla sólo como una crisis financiera cuya única o principal  manifestación ha sido la caída de la demanda global de la economía, sino que también hay que tener en cuenta otros desajustes que estaban poniendo en jaque al sistema incluso antes del estallido del colapso financiero, como es la “crisis de los cuidados”. Crisis  que como también señala esta autora, tiene como uno de sus impactos, la reprivatización de la reproducción social, cuya responsabilidad recae fundamentalmente en el ámbito privado-doméstico, con un grave riesgo de pérdida de los avances que en materia de igualdad se habían conseguido en años anteriores.

Con la explosión de movilización y aire fresco que supuso la aparición del movimiento 15M, las feministas indignadas de Barcelona reivindicaron, en un Manifiesto, una sociedad que situase en el centro el bienestar a las personas y no de los mercados. Por ello se reclamaban servicios públicos gratuitos como educación, salud, o cuidados de las personas. También, una transformación del modelo económico y social de modo que este se pusiese al servicio de las personas. Se concedía un importante papel al reconocimiento de las tareas de cuidado y a la necesidad de repartir los trabajos y la riqueza.

Como muy bien expone Yayo Herrero, es preciso visibilizar que las mujeres son las mayores amenazadas por esta declaración de guerra a las personas. Sufren los ajustes en los lugares que no se ven, que son invisibles para el discurso económico, que actúan como amortiguadores de la crisis social: los hogares. Cuando se eliminan las ayudas para cuidar a personas dependientes, cuando las familias son desahuciadas de sus casas, cuando no hay ingresos, son las redes familiares y los núcleos cercanos de convivencia los que acogen a todas esas personas precarizadas. Son los hogares los que se ocupan de aquellos a quienes expulsa el mercado y es allí donde se trata de aliviar las tensiones sociales (y psíquicas) que provocan los recortes y el paro. En los hogares son las mujeres las que cargan con la mayor parte de las tensiones: buscan como ahorrar en la comida, reducen los gastos a costa de realizar mas trabajos dentro del hogar, acogen a las personas de la familia que se quedan sin empleo o sin casa, cuidan de los mayores cuando no hay servicios públicos que los apoyen, y complementan la renta domestica con pequeños empleos fuera del hogar. Son trabajos invisibles que no cuentan en ningún lugar y que explican como es posible que la gente pueda seguir viviendo cuando el sistema les deja sin nada.

LAS NIÑAS BUENAS VAN AL CIELO Y LAS MALAS A TODAS PARTESA esto hay que sumar el discurso tradicional conservador y rancio de la derecha, que intenta volver a naturalizar las desigualdades y los estereotipos femeninos que responsabilizan exclusivamente a las mujeres del trabajo de cuidados. La tendencia a considerar el cuidado de las personas como un asunto privado es una regresión en el proceso de emancipación de las mujeres.

Devolver a las mujeres al espacio de lo privado supone un retroceso histórico de 40 años de lucha del Movimiento Feminista.  Como dice Francisca Granados, “desde  algunos sectores ideológicos se ha planteado en muchas ocasiones que las políticas de igualdad entre mujeres y hombres son simplemente “guindas”, lujos que ni siquiera en tiempos de expansión y vacas gordas nos podemos permitir.  Incorporando así, de forma consciente o inconsciente,  un discurso reaccionario, arcaico y patriarcal, a la vez que ignorando lo que la experiencia histórica nos ha  demostrado claramente: que la mayor desigualdad y discriminación entre los seres humanos ha sido el freno más potente del progreso y la causa de las crisis que estamos viviendo”.

PODEMOS Y QUEREMOS

Y para concluir optimistamente, como buenas y buenos amantes de la vida y de su cuidado que somos las personas progresistas, antepongamos al “pesimismo de la realidad”, el “optimismo de la voluntad”. Como dice Francisca Granados, “tratemos de aprovechar “la crisis” (en cuanto que proceso convulsivo y generador de grandes cambios) como una oportunidad para evidenciar las grandes contradicciones del sistema social, económico y político en el que vivimos,  poniendo al descubierto,  no sólo la clásica contradicción entre capital/trabajo, consustancial a la propia existencia del sistema capitalista , sino otra  de sus contradicciones básicas (la más básica) aún más profunda y poco visibilizada: la que existe  entre “el capital y  todos los trabajos, es decir , entre el capital y la vida””.

Podemos y queremos.

Mercedes Augustín Puerta

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