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El Franquismo que viene.

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Dice Luis Barriga, de la Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales, en una publicación sobre la protección de las personas en situación de quiebra, que existen al menos dos factores que explican la capacidad de las personas en España para sobreponerse al impacto provocado por la crisis: uno, la red primaria  (especialmente las familias), y otro, la economía en B, de Bárcenas (esto último es aportación mía). Esta reflexión me parece muy interesante, ya que explicaría algunos de los motivos de no haberse producido un estallido social motivado por la situación de ahogo económico.

Si echamos un vistazo a los colectivos más afectados por las medidas de austeridad gubernamentales podemos hacer una relación que sale casi de corrido: Desempleado, pensionista, enfermo, desahuciado, maestro, estudiante, inmigrante, funcionario, contribuyentes, médico, homosexual, autónomo, emigrante, dependiente, asalariado, trabajador social…

Me resulta muy difícil pensar en alguien que no pueda englobarse en, al menos, uno de los colectivos mencionados, en cambio, sí me parece fácil encontrar personas que comparten varias de estas circunstancias. Puedo entender que, en función de los factores que tan acertadamente expone Luis Barriga, la población no haya tomado medidas más drásticas, conste por escrito que no pretendo yo que salgamos a la calle cóctel molotov en mano, pero que encima las encuestas le sigan otorgando un fuerte respaldo electoral al PP es como para hacerse cruces.

Me parece totalmente comprensible que las personas que están sobreviviendo con el escaso (perdón por ponerme eufemística ya que quería decir mierda de) subsidio por desempleo o con la miserable pensión de la abuela estén paralizados, desanimados y frustrados. Comprendo que el miedo a perder lo poco de lo que disponen impida que movilicen sus esfuerzos a otra causa que no sea cubrir las necesidades básicas de sí y de quienes le rodean.

Pero existen otros dos grupos de afectados por la crisis que me son más difíciles de interpretar: en el primero incluyo a gente aún en activo en lo que a empleo se refiere, al que las garras de la odiosa crisis todavía no ha golpeado con la mayor virulencia. Aquí, aunque el bolsillo se ha visto afectado, las mayores pérdidas se han producido en el plano de los derechos y las libertades.

El segundo estaría compuesto por personas que lo han perdido todo, el conjunto de los que no tienen nada porque por perder, perdieron incluso la dignidad (referida como el respeto a sí mismo).

¿Qué teme el primer grupo de ciudadanos?,  ¿y el segundo?, ¿por qué demonios se sigue votando al PP?

No pretendo yo responder a estas preguntas, tampoco tengo capacidad para ello, sin embargo tropecé el otro día con una expresión de la que creo que deberíamos ser conscientes. Hablo del “Franquismo Sociológico”.

 “Franquismo sociológico es una expresión utilizada para evidenciar la pervivencia de rasgos sociales propios del franquismo en la sociedad española posterior a la muerte de Franco, especialmente durante la Transición, pero incluso más allá”.

 El franquismo sociológico deriva en actitudes de sumisión y servilismo e instintos de conservación y supervivencia. Posturas todas que se explican por los casi cuarenta años de represión y el miedo a otra guerra fratricida.

 Este fenómeno, transmitido generacionalmente, bien podría explicar este conformismo con la autoridad, encarnada en el Partido Popular y la confianza que sigue generando en parte del electorado.

 Nací y crecí en democracia, beneficiándome de los derechos y libertades del sistema, por lo que en un principio me pareció un tanto descabellado que todavía perviviese algún reducto de un régimen censor y opresor, sin embargo también es cierto que todavía escucho frases del tipo “con Franco vivíamos mejor” o “esto con Franco no pasaba”, pequeñas victorias propagandísticas de los fascistas en la Transición que parecen instaladas en el subconsciente colectivo. Esto, unido al individualismo del “sálvese quién pueda” que tan bien ha calado en la sociedad actual, puede servir de caldo de cultivo perfecto para que el miedo nos atenace y, por tanto, impida que defendamos los derechos que tanto les costó conquistar a generaciones anteriores.

 Desconozco el alcance de este franquismo sociológico pero lo que sí parece claro es que se están adoptando ciertas posturas por parte de la ciudadanía que recuerdan a épocas pasadas como, por ejemplo, no acudir a  actos de protesta por miedo a que deriven en situaciones violentas, el temor a manifestar opiniones críticas o a reclamar derechos. Estos usos, resultan aún más peligrosos que los recortes económicos porque son cambios más duraderos y persistentes.

 Percatarnos de estas formas, no acostumbrarnos a ellas y ser crítico son, en mi opinión, una vía para vencer el miedo y ayudarnos a reconquistar una sociedad compartida.

 

Elena Salinas

Trabajadora Social

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