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Exijo una amnistía

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Me llamo Belén Navarro y soy trabajadora social en las trincheras, es decir, en servicios sociales comunitarios, en un pueblo de Almería.

Podría dedicar este espacio, al que tan amablemente me han invitado mis amigos y amigas de Marea Naranja Granada, a relatar las mil y una desgracias que he tenido que escuchar este último año en mi despacho de labios de personas buenas.

Podría también dedicarme a exigir a la casta política que tengan un mínimo de vergüenza y rogarles que si van a seguir viviendo a espaldas de la ciudadanía, al menos que no se exhiban en sus yates y eventos deportivos varios, ¡que hay gente pasando hambre, señores!

Podría despotricar sobre la actitud de los sindicatos, que no estarán preocupados por su sillón  y sus prebendas pero lo disimulan que es un contento.

Podría acusar al sector universitario de vivir en una burbuja.

Podría recriminar a los colegios profesionales que han llegado tarde a esto de la lucha social. Sí, amigas, vamos tarde.

Podría pedir a las compañeras y compañeros activistas que aparquen (aparquemos) sus (nuestros) egos y se dediquen (dediquemos) a arrimar el hombro, que no son tiempos de ponerse exquisitos.

Podría echar en cara a mis compañeras y compañeros de trabajo que no tengan una actitud más beligerante.

Podría incluso fustigarme por no ser la trabajadora social que debería ser, sino la que puedo, o quiero, ser.

Y podría seguir buscando personas, colectivos y organizaciones contra las que arremeter para desahogarme. Porque estoy cabreada. Muy cabreada.

Pero es que yo no soy la única que está cabreada. Yo estoy cabreada contigo, tú estás cabreado con ese, ese está cabreado con aquel y todos en el fondo estamos muy cabreados con el PP, PSOE, PPSOE o PPOEIUPYD (me da igual), pero nos dedicamos a cabrearnos con el que tenemos al lado, porque Génova o la Carrera de San Jerónimo nos pilla demasiado lejos. Y mientras tanto, el PP continúa con la maquinaria de expolio de este país, ajeno, divertido incluso, al observar nuestras riñas.

Por eso quiero dedicar estas líneas a exigir una amnistía.

Necesitamos amnistiarnos a nosotros mismos. Hacemos lo que podemos.

Necesitamos amnistiar a nuestros compañeros de trabajo, de lucha, de universidad, de sindicato, de vida… Hacen lo que pueden como pueden, igual que tú, igual que yo.

Pero, sobre todo, exijo una amnistía ciudadana. Exijo que se le condone la deuda a la familia que ha sido multada y privada de suministro por enganchar el agua ilegalmente para poder sobrevivir.

Exijo que se le devuelva la vivienda a la persona que ha sido desahuciada por no tener ni para comer.

Exijo que la universidad reincorpore al estudiante que no ha podido pagar su matrícula.

Exijo que se le devuelva la tarjeta sanitaria al inmigrante al que se la han quitado.

Exijo que se devuelva el dinero a las personas que han pagado tasas judiciales para defender sus derechos fundamentales.

Exijo que se restituya la ley de dependencia. Íntegra.

Exijo que se incrementen las pensiones recuperando los IPC,s perdidos.

Exijo que las mujeres recuperemos nuestros derechos. Ahora.

Exijo que cese inmediatamente la caza al colectivo LGTBI.

Exijo que se readmitan a los parados víctimas de la reforma laboral.

Exijo que levanten el pie del cuello de los pequeños empresarios.

Exijo que se reestructuren los servicios públicos dejándolos, al menos, como estaban antes de la crisis económica.

Exijo que se deroguen todas las leyes que han permitido el enriquecimiento indecente de las grandes empresas.

Exijo que los ladrones con corona en la cabeza, o con sobres en el bolsillo devuelvan hasta el último céntimo y cuando enfermen, regresen a la sanidad pública.

Exijo que cada vez que abra la boca un cardenal, un presidente de una diputación,  de la patronal, del Banco del Espíritu Santo, un Ministro o un parlamentario para decir que los ciudadanos somos esto o aquello, se le caiga la lengua a trozos del tamaño de una uña. Bueno, esto por desgracia no es posible, pero gracias a mis muchos años en las trincheras tengo un máster en maldiciones.

Exijo una amnistía ciudadana. No basta salir de la crisis, no es suficiente, repito, no es suficiente; de nada sirve si salimos dejando miles de cadáveres en el camino. O todos o nadie.

Es tiempo de lucha, de exigencia, de trazar una línea y situarnos en un lado o en otro, porque hablemos claro: aquí solo hay una línea: a un lado están los ricos, los poderosos, los intocables, los elegidos. Al otro lado, el resto, es decir, nosotros. Ellos están organizados, el expolio de lo público les une ¿seremos capaces de nosotros de estar unidos en la respuesta? Ese es el desafío, creo yo.

Un fuerte abrazo desde Almería. No tenemos Sierra Nevada, pero ¿qué puede competir contra Cabo de Gata? (Los que me conocéis me entenderéis 😉

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