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LOS CÓMPLICES NECESARIOS

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Nos vimos en la sierra, en una terracita de Capileira. (Soy consciente de que la elección del lugar se debe a mi nostalgia, la tregua en el norte siempre me deja huella).

Tras el alborozo del encuentro, las risas y los abrazos, atropelladamente nos ponemos al día de la situación de cada una.

Mis amigas miran, sus ojos, aún cuando duermen, miran. Miran a su alrededor. Se implican, son solidarias y se implican. Colaboran con el Banco de alimentos, ellas saben, por edad, que cuando en algunas casas se pasa hambre, el país, en su conjunto está empobrecido. Empobrecido de pan y empobrecido de justicia.

Mis amigas saben que los problemas de nuestra sociedad no se resuelven con la vuelta a fórmulas caritativas, pero mientras, comparten el pan y la fuerza de que disponen.

Isabel, la vecina del 2º, dice: “Hacemos lo que podemos”.

Sofía – Toro sentado – está muy preocupada – sabe que las acciones individuales, aunque buenas en sí mismas, no son suficientes. No lo son, porque cada noticia proveniente del Consejo de Ministros va cambiando la foto, a peor, de nuestra sociedad.

La pérdida de las condiciones de vida es inmensa, tanto como el cúmulo de mentiras con que la disfrazan. Parecería que estuviésemos en una espiral de locura.

.- Una locura parece que dejen sin cobertura sanitaria a los jóvenes emancipados cuando pierden su trabajo y por lo tanto dejan de cotizar a la SS.

.- Locura parece que hagan pagar a los enfermos de cáncer, de sida, a los crónicos, un 10% de los medicamentos de la receta hospitalaria.

.- Locura parece que la longevidad de la población – 82,17 años de esperanza media de vida, 79 en el caso de hombres, y 85 en el de las mujeres –  pase de ser un logro de nuestro país a un problema de presupuesto del Estado.

(España, en el listado de 149 países, ocupa el sexto lugar con mayor esperanza de vida. Situación privilegiada, la de España, que incluso supera a la de EE.UU., Dinamarca, Finlandia, Alemania, Canadá, Luxemburgo, Reino Unido, Austria, Holanda, Noruega o Suecia, todos ellos países muy desarrollados)

El FMI (Fondo Monetario Internacional) lanzaba, hace más de un año, una alerta inquietante: “Existe un riesgo muy serio de longevidad. De que la gente viva más de lo esperado”.

Pues parece que el gobierno español (del PP) está dispuesto a remediar el riesgo. ¿El instrumento político? La Ley de Reforma de las Pensiones.

Ni siquiera argumentan bien sus mentiras. Dicen sus portavoces que se reforma la ley para que el Estado ahorre 33.000.000.000 de euros en unos años. Simultáneamente afirman – sin que se les caiga la cara de vergüenza – que los pensionistas no perderán poder adquisitivo., a pesar de que las desvinculan del crecimiento del IPC.

¿En qué quedamos, ahorrará el estado o no ahorrará? Si ahorra será a costa de los pensionistas.

Entonces hay que decirlo claro: Propician una “Eutanasia masiva en diferido”.

Mi intervención le impactó a Isabel, que llevó su mano izquierda a la boca y con la derecha se santiguó.

Silencio. Sólo se oye el soplido del viento que zigzaguea entre las casas blancas y encaladas.

Mercedes hizo los deberes este verano, asumió la tarea de leer, leer mucho, para aportarnos ideas en nuestros encuentros, darnos información de la que no podemos oír en los medios de comunicación al uso. Sabe que incluso los pseudo-debates de la TV se han convertido en espectáculo con guión previsible.

Y nos innundó:

“Resulta difícil hablar de inviabilidad del sistema público de pensiones cuando en España el gasto en pensiones es reducido si lo comparamos con el de la mayoría de los países de nuestro entorno.

Destinamos a ello el 10% del PIB, mientras que la media de la Eurozona tiene un gasto del 12,2%. Según admite la Comisión Europea en su informe The 2012 Ageing Report, el máximo de gasto en pensiones se alcanzaría en España en 2050 y sería del 14% del PIB.

Es decir, tendríamos entonces que destinar a las pensiones públicas lo mismo que hoy gastan sin demasiadas complicaciones países como Austria, Francia o Italia.

Pienso que los que cuestionan la viabilidad de las pensiones públicas cometen un gran error al basar sus argumentos únicamente en la relación del número de trabajadores por pensionistas pues, aun cuando esta proporción se reduzca en el futuro, lo producido por cada trabajador será mucho mayor. Cien trabajadores pueden producir lo mismo que mil si su productividad es diez veces superior. El problema no estriba en cuántos son los que producen sino en cuánto es lo que se produce. Si la renta per cápita crece, no hay motivo, sea cual sea la pirámide de población, para afirmar que un grupo de ciudadanos (los pensionistas) no puedan seguir percibiendo la misma renta. Si la renta per cápita aumenta, las cuantías de las pensiones no solo deberían mantenerse sino que tendrían que incrementarse por encima del coste de la vida.

En los últimos treinta años, la renta per cápita en términos constantes casi se ha duplicado y es de esperar que en el futuro presente una evolución similar. Si esto es así, resulta absurdo afirmar que no hay recursos para pagar las prestaciones de jubilación, todo depende de que haya voluntad por parte de la sociedad -y, especialmente, de los políticos- de llevar a cabo una verdadera política redistributiva.

Considero que en un Estado definido como social, tal como hace la vigente Constitución, es inconcebible, y en todo caso inaceptable, que las pensiones se deban financiar exclusivamente mediante cotizaciones sociales.

Son todos los recursos del Estado los que tienen que hacer frente a la totalidad de los gastos de ese Estado, también a las pensiones. Concebir a la Seguridad Social como un sistema cerrado que debe autofinanciarse y aislado económicamente de la Hacienda Pública, resulta claramente abusivo y erróneo y coloca a la Seguridad Social en una situación de mayor riesgo, dificultando además toda eventual mejora en las prestaciones.

No se puede cuestionar la viabilidad del sistema de pensiones por el mero hecho de que en una coyuntura como la actual se necesite que a los ingresos por cotizaciones se sumen otras aportaciones del Estado.

No es la pirámide de población ni el incremento de la esperanza de vida lo que amenaza la sostenibilidad de las pensiones, sino la insuficiencia de nuestro sistema fiscal, presa del fraude y de las continuas reformas regresivas acometidas por los distintos gobiernos.

El riesgo procede de una ideología liberal que contempla sin sonrojo que la presión fiscal de España (32,4%) sea la más baja de la Europa de los quince, inferior incluso a las de Grecia (34,9) y Portugal (36,1), trece puntos de diferencia con la de Francia, y de diez y de ocho con las de Italia y Alemania, respectivamente, según datos de Eurostat, y de unos políticos que prefieren recortar las pensiones a los jubilados antes que acometer en serio la reforma fiscal. Esta sí que tendría que ser la primera y principal reforma que debería llevarse a cabo.”

Todas habíamos escuchado a Mercedes con atención. Nos dimos cuenta del largo camino recorrido juntas y lo mucho que habíamos cambiado nuestra forma de situarnos frente a las mentiras y a la estafa social que nos azota. Como nosotras, mucha gente se ha dado cuenta de que esto, o lo arreglamos entre todos o tendremos perdida la batalla. La inercia del dejar hacer es el peor tóxico que podemos tragar.

Uno de los problemas que nos aquejan es que no sabemos – no somos conscientes – de cuánto no sabemos”, dijo Sofía.

Toro Sentado nos propuso profundizar en el tema de las pensiones. Y nos pareció bien. Cuando el gélido viento serrano nos recluya en casa, al calor de la mesa camilla viviremos la amistad que no podrán arrebatarnos, y que nos permitirá vivir con conocimiento y dignidad la vida que otros pretenden acortarnos, privándonos de bienes básicos y necesarios.

Llevan mucho tiempo derramando sobre nosotras mensajes catastrofistas sobre la inviabilidad del sistema para que aceptemos la derrota antes de la batalla.

Esa tarde volví a casa con la sensación de que estamos en el camino de combatir el miedo, que siempre paraliza.

                                                                  María

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