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El pilar central obviado

Entra en google, busca “pilares del Estado de Bienestar” y dime lo primero que te aparece. Seguramente lo mismo que a mí: “PENSIONES, SANIDAD, EDUCACIÓN Y DEPENDENCIA”. Ahora escucha cualquier discurso político, independientemente de la ideología del que habla: “sanidad, educación, vivienda y pensiones”, de esos cuatro términos no sale.
Dime, ¿qué haces cuando tienes problemas con tu pensión y no entiendes lo que los funcionarios de la tesorería de la seguridad social te sueltan en un papelucho? ¿A qué profesional acudes primero cuando, por ejemplo, eres joven y necesitas practicarte un aborto por embarazo no deseado; o cuando te han retirado la tarjeta sanitaria porque eres joven o inmigrante? ¿Y cuando tu hija/o no tiene las mismas oportunidades que los demás niños del cole, necesita material escolar cada vez más caro y tiene que hacer uso del comedor? ¿Y si tienes un lanzamiento de desahucio próximo o te has quedado en la calle? ¿O si tienes necesidades especiales y necesitas a una persona que te apoye en tu vida diaria? ¿Dónde acudes?
Curioso. Un tanto curioso que la palabra SERVICIOS SOCIALES se obvie siendo la puerta de entrada a prácticamente todos los recursos del antiguo Estado de Bienestar.Y ahora, además de puerta de entrada, es el parachoques que se lleva todos los golpes para que, a las instancias (recursos) “superiores”, las personas indignadas lleguen más tranquilas tras haber descargado su rabia, por ejemplo, en un SIVO. Pero quizás haga falta una clase intensiva de introducción a los servicios sociales para entenderlo bien:
Podemos enmarcar los Servicios Sociales en dos sentidos (según Kahn y Kamerman, 1987):
  1. SERVICIOS SOCIALES EN SENTIDO AMPLIO:  Conjunto de sistemas de protección que comprende: educación, salud, vivienda, mantenimiento de ingresos, empleo y formación profesional, y un sexto sistema denominado servicios sociales personales. 
  2. SERVICIOS SOCIALES EN SENTIDO RESTRINGIDO: Servicios Sociales personalesConjunto de medios técnicos, personales, financieros y materiales, públicos o privados, dotados de una estructura funcional, que se orientan a la atención, prevención y recuperación que impiden el logro del bienestar personal según lo considerado deseable por un conjunto social. Comprenden aquellos recursos, actuaciones y prestaciones con el fin de ayudar a las personas a y grupos a resolver sus problemas, superar sus dificultades y crear y conseguir recursos para mejorar su calidad de vida e integración en la comunidad/entorno social al que pertenecen.
Así de resumido ya se ha dicho mucho de este sistema de protección. Si la filosofía es el árbol de la ciencia desde donde emanan las distintas ramas del conocimiento, los Servicios Sociales son el pilar central donde descansan los demás sistemas de protección. Pero todas las miradas están puestas en los pisos de arriba, y cuando a un edificio le salen grietas es porque los cimientos no están muy firmes. Tapa las grietas con un poco de cemento, pero sólo habrás ocultado el problema exterior: la “raja” sigue estando y cuando ceda o se cale el agua, se abrirá con más fuerza y saldrán otros problemas derivados.
Y aquí viene lo que más duele. ¿Han hecho los distintos gobiernos algo para subsanar ésto? En 2005, el gobierno de ZP promulga la Ley 39/2006 de Promoción de la Autonomía Personal y atención a las personas en situación de Dependencia…Eso es, en vez de una Ley Marco/General/Estatal de Servicios Sociales que acabe con la desigual aportación del ya difunto Plan Concertado a las comunidades autónomas, creamos una ley para sólo para un colectivo…Que ojo, necesaria, pero no se puede poner por encima del propio sistema de Servicios Sociales, porque díganme, ¿quién gestiona las distintas prestaciones de esta ley? SERVICIOS SOCIALES.
A mí nunca me ha gustado la nomenclatura de “Ley de Dependencia”, y de hecho en el discurso de graduación de mi promoción ya lo recalcamos; parece que la ley te obliga a ser dependiente…y en muchos casos se ha contribuido a ello: nos quejamos de la feminización de los cuidados personales, pero la prestación más “prescrita” y demandada por profesionales y usuarios es la económica. ¿Y entonces…qué pasa con la promoción de la autonomía personal, primer enunciado de la ley? Volvemos a caer en la “cultura de la paguita”, como diría la doctora en Trabajo Social, Rosa Díaz.
Y repito, que no pongo en duda la necesidad de una ley de este tipo, faltaría más, pero no todo es dependencia, porque ese es sólo un colectivo de los tantísimos que atiende el sistema de servicios sociales. Eso sí, como para la prensa vende, es de lo que más se habla, y ahora con la propuesta de Presupuestos Generales del Estado, cuando tenemos suerte, se nombra en prensa el recorte del 48% en esta materia…pero…¿y del 38% en servicios sociales básicos? Si sumamos, ¡hablamos de un 86% de recortes en servicios sociales!
¿La culpa de esta invisibilidad? No, no sólo se la voy a cargar a entes ajenos; las/os propias/os profesionales del ámbito de la intervención social estamos muy pasivos. Hasta que no nos vemos en la calle, no nos empezamos a mover…y ojo, tenemos muchísimas amenazas: el recorte al funcionariado ya nos ha afectado, los recortes en los presupuestos ya nos han afectado, la reforma de la administración local nos va a afectar de forma brutal (y a los que estamos desempleados no nos darán ni la oportunidad de “estrenarnos”).

Ya está bien de dividirnos, ¿no? Vamos a dejarnos de “lucho por mi ámbito” porque todos confluimos en lo mismo y cada hachazo nos afectará a todas/os, por muy asegurado que creas tener tu puesto. Así que ya sabes, busca tu Marea Naranja más próxima, sal a la calle desafiante, ¡Y LUCHA, COÑO, LUCHA!

PD: Habrás comprobado que he utilizado en exceso la palabra “SERVICIOS SOCIALES”, ¿verdad? Pues sí, ha sido queriendo, a ver si por lo menos, con la redundancia, va calando en los discursos.

                                                                   Jaime
También puedes encontrar este post en el blog del autor.
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