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 Pobres de por vida y de “por muerte”

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Hoy es la educación pública, pero la verdad es que poco le queda al Partido Popular por tocar.

Desde que el actual gobierno del PP ganase por mayoría absolutísima las elecciones el pasado 20 de noviembre de 2011, parece empeñado en no dejar títere con cabeza en la clase trabajadora. Tabla rasa para todos, de un lado ricos y del otro, pobres, los dudosos también apartados al lado oscuro. ¿Quién dijo clase media? ¿Ese invento ficticio para aspirantes a sangre azul?

En la actualidad social de este país no caben medias tintas, o jamón de pata negra o papas a lo pobre.

Y es que no siempre se tiene la oportunidad de gobernar en solitario, con el poder absoluto, una crisis brutal y una ciudadanía que, creyéndose “con derechos” se relajó y descuidó sus valores fundamentales.

La hoja de ruta está marcada y ésta no nos lleva precisamente hacia el norte sino más bien todo lo contrario al sur del sur.

Bajo el manto de la crisis económica “nos cabe todo”. Muy pronto llegaron los ataques a los derechos laborales, dicen que es de bien nacido ser agradecido, así que lo primero que hizo el PP fue agradecer a sus fieles votantes de la CEOE su lealdad, en el voto y parece, a juzgar por los numerosos escándalos y causas abiertas, también en la financiación. Ahora sabemos dónde iba todo ese “racaneo” en las mesas de negociación por parte de las patronales. Parece que era una “inversión de gobierno”.

Para que nos olvidásemos de cualquier pretendido acomodo: reformazo laboral y todos en bolas. Trabajadores y trabajadoras sin derechos, sindicatos sin margen de maniobra y sin rechistar que mañana viene más.

Y fue así como llegó toda esa vorágine que nos dejó noqueados durante meses. Afortunadamente esa inercia que nunca se olvida (parecida a la de aprender a montar en bici) nos llevó a reaccionar en las calles ante cada uno de los ataques. Nadie puede decir hoy que las organizaciones sindicales, los partidos de izquierdas, el movimiento asociativo o las distintas plataformas sociales no hayan salido a la calle ante todos y cada uno de los arrebatos de derechos y dignidad padecidos. La reforma laboral, el aborto, la sanidad, las pensiones, la dependencia, las tasas judiciales…no hemos parado, tampoco ellos.

La llamada Ley LOMCE, impulsada por el ministrísimo y solitario Wert, contra la que el 24 de octubre de 2013, nos revolvimos una vez más, es especialmente grave. Tiene efectos inmediatos muy negativos, pero son mucho más brutales sus consecuencias a largo plazo. Esta ley dificulta el acceso a la educación pública por parte de todos independientemente de nuestro poder adquisitivo, incorpora varios filtros para ir dejando en el camino y sin oportunidades  a parte de los aspirantes, encarece las tasas de forma que no sea cualquiera quien pueda permitirse económicamente estudiar una carrera, para más inri limita el acceso becas para el estudio. En definitiva sólo los hijos de los ricos podrán acceder a lo que dejará de ser un derecho para convertirse en un lujo.

Las consecuencias a largo plazo serán muy regresivas, una población anafalbeta, sin acceso a los trabajos cualificados y mejor retribuidos y también fácil de manipular, una élite poderosa y dominante. Estarán los ricos y los hijos de los obreros. Ni que decir tiene que la tan ansiada fantasía gallardoniana de “las mujeres a casa, a parir y a sufrir” será de nuevo una realidad. Las dos Españas.

Piénsenlo bien ¿A quiénes perjudican todas estas imposiciones y arrebatos? ¿A quiénes benefician?

Ha habido mucho de golpe de efecto, de ataque brutal y agresivo, pero no nos despistemos porque  en silencio, poco a poco, avanza una trasformación absoluta del país, una vuelta en tiempo récord a épocas de miseria, a las dos Españas, a la sociedad analfabeta que fuimos, al olor a naftalina y al gris de los grises.

No están haciendo pobres de “por vida”, sólo queda que nos tiren a las cunetas “de por muerte”.

Ana Pérez Luna

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