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DEVOLVIENDO DIGNIDAD A LA MUJER

post merche dia de la mujer

 Se habla de violencia de género cuando se hace referencia a la lacra social que hace que multitud de mujeres estén siendo maltratadas física, psíquica o sexualmente, y esto, desgraciadamente ocurre cada segundo en todos los rincones del planeta.

En este mismo instante miles de mujeres están siendo mutiladas genitalmente, multitud de niñas están siendo violadas en su entorno familiar, mujeres que en sus hogares están sufriendo los golpes de sus parejas, innumerables mujeres que están siendo prostituidas bajo la trata de blanca, mujeres vendidas, mujeres que se han de casar por dote. Mujeres que por el simple hecho de nacer mujer están siendo el sur de todo norte.

Hoy 25 de Noviembre, desde 1999  la  ONU lo declara el día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer y hoy me piden, que sea cauce para difundir lo que una mujer que fue víctima de violencia de género desde la infancia nos quiere decir a la sociedad.

“Me llamo Mujer, desde los 5 años mi padre abusó sexualmente de mi infinidad de veces, mi padre maltrataba a mi madre delante de mí y de mis hermanos, crecí en un entorno hostil, de violencia, en el que con frecuencia deseaba que un día mi padre no volviera a casa, deseaba que se muriera, yo no sabía por qué mi padre me hacía tanto daño, lloré mucho, crecí con dolores de cabeza,  con irascibilidad, todo ello desapareció cuando decidí alejarme del entorno familiar, cree un mecanismo de defensa muy fuerte, el maltrato me afectaba a mi salud física y mental.

 Pero os quiero decir que el peor maltrato, la mayor violencia no la sufrí con mi padre y esto es importante que lo sepáis, mi padre me hizo mucho daño, a los 15 años fui capaz de desvelarlo y fue cuando sufrí lo que se llama una segunda victimización, y os aseguro que esta es más dolorosa. Doy fe de que es más doloroso el maltrato psicológico que el físico o el sexual, este es muy pero que muy hiriente, pero termina y puedes sacar fuerzas de donde no las hay para salir hacia adelante, al tiempo conocí que a esta fuerza se le llama RESILIENCIA, y la tengo, es la que me ha hecho ser quien soy, la que paralelamente a mi sufrimiento me hacía ser feliz, reír, jugar, crecer, perdonar, entender, olvidar, seguir viviendo con calidad.

Cuando a los 15 años decidí denunciar a mi padre, me sentí destrozada, mi madre, una víctima más de violencia de género, tuvo multitud de vaivenes en los que lo mismo me protegía que lo mismo me culpabilizaba de que mi padre me violara, y creedme, no la culpo, pronto entendí que era un mecanismo de defensa para sufrir un poquito menos, pero no os puedo negar que el daño causado con todo lo que tuve que escuchar, que masticar y digerir fue brutal. Y cuando mi madre ( u otras personas) en vez de insultarme, culpabilizarme y despreciarme se compadecía de mí y me abrazaba llorando y diciendo “pobretica”, también me sentía víctima, porque aun siendo una niña, yo  sentía que LAS PALABRAS TIENEN PODER, mucho poder, que con ese “pobretica” me hacía sentir víctima y eso empeoraba mi situación, no me ayudaba, era víctima de abusos sexuales y ahora era víctima de los familiares que con sus palabras inconscientemente me echaban un freno a mi crecimiento personal, a mi dignidad como persona, me sentía etiquetada, observada por la gente. Por eso os pido, que tratéis de igual a igual a cualquier mujer que haya sido maltratada, que no se le ponga etiqueta alguna, porque es persona, porque es mujer y lo demás ha de ser un episodio de su vida y no arrastrarlo de por vida, no estoy de acuerdo y rechazo rotundamente a las personas que, por supuesto con la mejor intención del mundo, expresan y justifican toda una actitud , acontecimientos vivenciales de una mujer que fue maltratada con el propio hecho de haberlo sido, rechazo muchos frases hechas como “ una menor víctima de violación o abusos sexuales , o una mujer maltratada le han destrozado la vida de por vida”, no, no y no. Yo fui maltratada sexualmente desde los 5 a los 12 años, y maltratatada psicológicamente desde los 15 hasta los 18, y sin embargo lo vivo como pasado, soy feliz, tuve que hacer un proceso personal de quererme a mí misma, de valorarme, de respetarme, de saber decir no, un proceso de entender y perdonar a mi padre, y también a mi madre, y a ese médico que cuando vió los moratones de una menor en sus genitales no puso denuncia, de perdonar a ese policía que al acudir a mi hogar le decía a mi madre que intentara no dialogar cuando mi padre estaba ebrio y así evitaría que le pegara, tuve que aceptar que los Servicios Sociales no hicieran seguimiento tras la sentencia de quitar la custodia a mi padre, que no comprobaran que esta menor seguía en riesgo conviviendo con su padre. Tuve que aceptar que toda la vecindad callara y no actuara cuando escuchaban gritos y palizas en mi hogar, quizás pensaran que el maltrato es problema privado de esta o aquella familia, y no que es una lacra social en la que se precisa el apoyo de toda la ciudadanía para acabar con ella. Tuve que trabajar mucho para recuperar mi sitio, el que me merezco, quitarme etiquetas que se empeñan en ponerme, y sentirme libre, PERO SE PUEDE, YO HE PODIDO Y POR TANTO TÚ, MUJER, TAMBIÉN PUEDES.

El apoyo de los familiares es muy importante, pero en mi caso también pudo más el peso de un apellido y el honor de la familia, prefirieron intentar silenciarme, que ocultara la verdad, que no levantara el pastel, aquí también me sentí víctima.

Os cuento esto porque desde pequeña aunque sufras lo que sufras, hubo una fuerza en mi que hizo que quisiera ser feliz, que a pesar de los pesares siguiera riendo, divirtiéndome, luchando, yo era muy rebelde y no aceptaba las injusticias, ni el machismo que vivíamos en casa, y me rebelaba y no me callaba, eso me costó muchas lágrimas, pero valía la pena. Desde chica sentí mucha fuerza, tenía que sobrevivir, quería vivir, así que luché con constancia para sentirme una persona, para ser quien soy.

Me atrevo a hacer esto público, para que sirva a cada uno/a desde su papel de ciudadano/a, desde su profesión, para que cada uno se responsabilice desde la parte que le toca, quizás si ese policía hubiera puesto una denuncia, quizás si ese médico hubiera realizado un parte de lesiones y trasladarlo a menores, quizás si menores hubiera hecho un seguimiento para verificar que estaba protegida y que mi padre no volvió a vivir bajo mi mismo techo, quizás si esos vecinos hubieran dado la voz de alarma , quizás si los familiares hubieran eliminado su ego personal, quizás si ese profesor que observaba mi miedo cuando aparecía mi padre, y decenas de quizás más… quizás y solo quizás muchas mujeres, yo entre ellas, hubiéramos sufrido menos y serviría para que otros muchos hombres no pensaran que el maltrato es un problema del ámbito familiar y que nadie tiene por qué entrometerse y se pensaran la repercusión personal y social antes de agredir a una mujer.

Gracias y tratemos a las personas como personas y no clasifiquemos como borregos sin sentido común, evitemos victimizar aún más a quien ya fue víctima.”

Merche Alemán (tras entrevista  a una mujer llamada Mujer)

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