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DESHUMANIZADOS

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No podíamos imaginar de qué manera el devenir nos deparaba tan intrincado camino. Sumidos en un sueño en el que todo parecía posible, el país de las maravillas se apresuró a ponerlo todo al alcance de la mano para que unos pocos se lucraran a costa de las fantasías de otros. Y así fue como el arco iris multicolor que envolvía nuestros cielos, se tornó cada día un poco más grisáceo. Fueron tiempos -no tan lejanos- donde lo urgente fagocitaba lo importante, en los que las cosas sustituyeron a las personas, en los que el valor parecía darlo cuánto se poseía. Estamos en la era de la deshumanización. Los bancos, cajas y entidades de crédito han hecho su agosto a costa de la pobreza, del paro, del miedo… Y, como si tras ellos no hubiera personas, se han dedicado a hacer caja mientras los servicios sociales no pueden hacer frente a tanto herido de guerra.

Ni siquiera en estos oscuros tiempos de miseria y de bocadillos sin relleno somos capaces de empujar todos a la una tan azaroso barco para llevarlo a buen puerto. Los políticos que deberían velar por el bienestar de todos andan desliando sus propias madejas mientras nosotros nos lamentamos del mal propio y ajeno sin hacer nada más que contemplar con ojos de incredulidad  en qué somos capaces de convertirnos, en qué son capaces de hacer con nuestros derechos, con nuestros empleos, con nuestros salarios, con los de nuestras familias y amigos.

En la angustia del sinvivir del siglo XXI, el jarabe que debe poner fin a nuestros vómitos se llama solidaridad, lucha, protesta. Por mucho que fatigue pensar en la idea, el Primperán no nos servirá para el mal que nos aqueja.

 Carmen López

 

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