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LA EUROPA SOCIAL, TAMBIÉN A DOS VELOCIDADES

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 Dentro de unos días nos volveremos a enfrentar de nuevo a las urnas, pero esta vez lo hacemos todos los europeos al mismo tiempo. Esto es un arma de doble filo, porque todos sabemos el escaso papel que el diseño actual del proyecto europeo ha dado al Parlamento de Estrasburgo, pero no se nos puede pasar por alto que la mayor parte de las políticas que deciden la vida de nuestras sociedades se decide en Europa. Por ello, a estas elecciones hay que ir con pleno convencimiento de que se trata de una convocatoria importante. No son una simple encuesta para ver quién va ganando las próximas Generales o, peor aún, quién va acumulando papeletas para regir dentro de poco el Ayuntamiento de cualquier municipio de España. La estrategia del actual sistema partitocrático español y de sus terminales mediáticas es hacernos creer que estas elecciones son un episodio más de la pugna PP-PSOE. A estas alturas, quién se deja engañar es porque quiere.

Haciendo un símil futbolístico, el partido importante se juega en Europa. La construcción de la Unión ha sido un proyecto en plena evolución, donde la política social –entre otras de interés para los sectores mayoritarios– ha ido perdiendo peso progresivamente hasta convertirse en un “sálvese quien pueda” arrinconada por los dogmas monetaristas y financieros. Con el pensamiento neoliberal impuesto por los grandes poderes económicos y la clase política dominante, absolutamente entregada y financiada por estos intereses, Europa ha dejado de ser un espacio social. La defensa del “Estado de Bienestar” ha dejado de ser una referencia, que podía convertir a la Unión en un modelo a nivel mundial de reparto ponderado de la riqueza de una sociedad, para convertirse en un asunto interno de cada estado miembro. La desafortunada frase de Mariano Rajoy indicando que “cada país tendrá el estado del bienestar que pueda permitirse” es una auténtica declaración programática de lo que piensan los líderes del actual núcleo duro de la Unión. Igualmente, lo que fue la antigua socialdemocracia anda por el mismo camino. La decisión de José Luis Rodríguez Zapatero de priorizar a nivel constitucional el pago de la deuda a cualquier otra necesidad de la sociedad española es una buena muestra del grado de sometimiento al poder de las finanzas, aplaudido entusiásticamente por el PP. La política de Tony Blair para el desmantelamiento total de lo poco que quedaba del sistema de protección social británico tras el huracán del thatcherismo resulta significativo de lo que significa para el Partido Laborista la política social. Y ahora llega a Francia Manuel Valls, haciendo lo que la derecha de Sarkozy no se había atrevido. Para qué vamos a seguir…

Existe un Comisario Europeo para el Empleo, Asuntos Sociales e Inclusión, cargo que actualmente detenta el húngaro Laszlo Andor, y un Fondo Social Europeo. Una visita a las páginas webs oficiales de ambos organismos resulta decepcionante, ya que todos los menús y link se centran en el empleo y en temas financieros. La conclusión es que la política social no interesa en el debate de la Unión y esto nos lleva al resultado actual: una Europa a dos velocidades, no solo en la economía sino en muchas cosas. Tenemos así situaciones absolutamente paradójicas entre Estados que se supone comparten unos valores comunes y un mismo modelo de sociedad. Mientras que en algunos países como Dinamarca los Servicios Sociales llegan a abonar los servicios de profesionales del sexo a personas con gran discapacidad que así lo demandan, en otros –especialmente del sur– centenares de miles de personas no disponen de la atención más básica, quedando a merced de la disponibilidad y voluntad de amigos y familiares. Si en algo continúan vigentes las fronteras es en la política social. Es evidente que la política social cuesta dinero y si la financiación de los Estados solo puede ser vía imposición fiscal o por emisión de deuda a contratar en el mercado privado de capitales no hay salida a esta situación. Así, los países que más recauden podrán tener una protección social adecuada, mientras que los otros se limitarán a sufragar poco más que la caridad pública. ¿Qué hace el Banco Central Europeo, aparte de colocar a los amiguetes de los grandes “lobbies” financieros mundiales?

Por ello, el próximo día 25 es importante acudir a votar para decir NO a esta Europa de las finanzas, de la deuda y de que tenga servicios sólo el que pague, es decir, del “sálvese quién pueda”. Es directamente mentira que el Parlamento Europeo no tenga ningún poder. Son los parlamentarios quienes refrendan o rechazan al candidato a  Presidente de la Comisión Europea que presenta el Consejo Europeo. Eso no interesa que lo sepa la ciudadanía para que sigan votando a los que quieren perpetuar el sistema, porque su privilegiada vida depende de ello. Si en el Parlamento de Estrasburgo hubiera un sector contestatario lo suficientemente grande para tumbar directamente a cualquier candidato que represente los intereses de la casta dominante, las cosas podrían empezar a cambiar.

Eduardo García