A CORAZÓN ABIERTO

 Unknown

La situación socioeconómica que estamos viviendo me está llevando a reestructurar mi intervención profesional que quiero compartir con vosotras, a modo de catarsis, porque a veces me faltan las fuerzas y la capacidad de respuesta ante tanta injusticia, tanta corrupción, tanta locura.

Ante todo quiero mostrar mi repulsa, por  la sensación que tengo de un tiempo a esta parte, de sentirme más gestora de recursos sociales que trabajadora social. Cuando atiendo  al usuario, conforme me narra su situación, mentalmente ya estoy planificando las ayudas y recursos que precisa para no solucionar sus problemas, sino paliarlos en cierta medida y que la atención prestada termine con cierto grado de sosiego para  él, para ella. Y esta gestión de recursos genera tanta burocracia y requiere de tanto tiempo, que mi intervención queda sesgada. Pero es tal la vorágine  y emergencia de las  demandas,  unido al estrés  y a la escasez de tiempo,  que a  veces me siento más administrativa que trabajadora social.

Por otra parte las demandas sociales no cesan de crecer, los recursos sociales son cada vez más escasos y nuestra intervención cada vez se ve más limitada, al no tener suficientes  alternativas que remedien estas  situaciones de dificultad. Situaciones de dificultad  de primera necesidad, que degeneran las relaciones familiares e incrementan  los problemas de salud mental. Esta  falta de alternativas y esperanza, me genera frustración. Pero me niego  a quedarme de brazos cruzados y decir “no puedo ayudarte”. Ofrezco escucha activa, comprensión y les exhalo de todo sentimiento de culpa. Porque lo que está pasando es inhumano, esta  fuera de su control, es  ajeno a ellos y a nosotras. A veces se van más tranquilos, pero en otras ocasiones les inunda la desesperanza, pero por lo menos   han tenido un hombro donde llorar y desahogarse.

Finalmente intento cambiar  la percepción  de los usuarios de Servicios Sociales, en mi contexto más próximo. En el inconciente colectivo está arraigado que nuestros usuarios son personas dependientes del sistema, y que no hacen nada por modificar su situación. Nada más lejos de la realidad. La mayoría de las personas con las que trabajamos son personas que teniéndolo todo en contra, se levanta todos los días, enfrentándose  a esta guerra sutil de demolición de derechos y libertades. Acuden a nosotras demandándonos ayuda porque en muchas ocasiones somos su único apoyo; y con él, van  solventado sus problemas, adaptándose rápidamente a esta realidad cada vez más cambiante y cruel. Sin perder la esperanza  y la capacidad de lucha. No son parásitos, son supervivientes  en una sociedad donde cada vez tienen menos cabida. Para ellos todo mi respeto.

Y cuando cada mañana acudo a mi despacho y preparo mi jornada de trabajo, me sobreviene el sentimiento del miedo, un escalofrío recorre mi cuerpo. Sobre el regazo de mi asiento tengo la camiseta naranja “de la Marea Naranja” con el lema: “No más recortes”, sintiendo  la espada de Damocles de “la Ley de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local”  sobre mi y la posibilidad real,  que mas pronto que tarde, deje  de ser profesional que ofrezca ayuda a ser usuaria de Servicios Sociales.

Con esta incertidumbre, decidme ¿con  que ilusión se puede trabajar?, ¿Podemos dar alguna esperanza?, ¿Qué va a ser de “nuestras familias”? …No se puede cometer mayor injusticia ni  masacre más vil  que empujarlas al  precipicio de la desolación con la implantación de esta Ley

 

Toñi del Ojo, Trabajadora Social

 

 

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