SERÍA BONITO NO HABLAR DE ESTAS COSAS

10455770_877850898896494_3420253315503399130_n 

No doy crédito aún. Imagino lo que sentiría ese hombre que paseaba tranquilamente por la playa cuando un par de energúmenos -no puedo llamarlos de otra manera- se pusieron a insultarlo y a pegarle. No puedo ni imaginar la impotencia, la rabia, los momentos de pesadilla que fueron los minutos o los segundos en que sucedió todo eso en una rezagada y solitaria playa de Almería.

El agredido es homosexual; se llama Ricardo y tiene setenta años y, además, padece una dolorosa enfermedad. Su marido, Luis, con quien se casó hace ocho años también fue víctima de agresión por parte de un bañista ofendido por su homosexualidad y por su desnudez. Uno y otro tardarán en olvidar -quizá no lo hagan nunca- por lo que han pasado. También yo y muchas otras personas tardaremos en creer que está todo hecho y que con reconocer los derechos del colectivo de GLTB se han dado todos los pasos que había que dar para normalizar lo que, de por sí, es normal. Todavía hay que explicarle a mucha gente que la homosexualidad no es una enfermedad, ni una anomalía genética, ni una excepción en la naturaleza. Aún quedan tantas y tantas personas sin saber que todos somos iguales y que en el respeto a la diferencia está el enriquecimiento del género humano, que entristece, avergüenza. ¿De verdad es tan difícil vivir y dejar vivir?

Tan cerca del día del Orgullo Gay todavía hay quienes se pregunta por qué hay que conmemorarlo y la respuesta está en el hecho de que suceden situaciones como la vivida en Almería días pasados y que, por desgracia, no es ni la única ni será la última. Seamos diferentes e iguales. Es tan bonito enriquecerse en los demás.

Captura de pantalla 2014-07-04 a la(s) 17.52.46                                    Carmen López