CULTURA POLÍTICA

cuadro15

¿Invento ahora memorias difusas?

¿Acaso cabe crear recuerdos?

¡Sería como inventar hoy el ayer: un tiempo reversible.

 Pero claro que se inventa, a veces nos convencemos de haber sucedido lo que no pasó o, al revés, de que no ocurrió lo que vivimos, pero no es el olvido, aunque hay varios olvidos como hay memorias diversas.

 Mis amigas están abrumadas.

Caen las hojas, se amontonan, tapándose unas a otras, como un caso de corrupción  tras otro va pisando al anterior.

Mis amigas no pueden disfrutar del manto  que va cubriendo a la estación de colores. Los plátanos, los chopos y castaños ya tiemblan, desnudos, caminito del invierno.

Pero ellas están anegadas por una desazón que arroya su ánimo.

Mi salón malva acoge de nuevo nuestros encuentros de las tardes de miércoles. Además del cafelito acostumbrado preparamos un tanda de tés. Los ha traído Sofía. Tiene un vecino que con el dinero del finiquito ha montado un minúsculo chiringuito a pie de calle. Lo que se dice, en leguaje gubernamental, un “emprendedor”.

Sofía le ha comprado 10 bolsas para “colaborar al despegue de la economía”. Mientras, el gobierno sigue dando hachazos a la partida presupuestaria que se destina a ayudar a los millones de desempleados: 5 mil millones en los 3 años de gobierno del PP.

Se mezclan los aromas del tabaco de pipa, el café y el té rojo, pero en el ambiente flota como una niebla de rabia e indignación.

El recuento de los casos de corrupción les pesa como una losa, pero se produjo un punto de inflexión que les produjo un vendaval de coraje: la nefasta gestión del caso del ébola, paradigma del comportamiento de las élites políticas que dirigen nuestro país:

  • .- Desmantelan el hospital de referencia para el tratamiento de enfermedades infecciosas para convertirlo en un geriátrico cuya gestión se entregará a una empresa privada.
  • .- Se repatría a un enfermo terminal por Ébola a sabiendas de que se carece de infraestructuras y equipos específicos para su tratamiento.
  • .- Fallan en la gestión clínica por utilización de protocolos y cúmulo de errores.
  • .- Producen alarma social por la pésima gestión de la información institucional. Ana Mato llega a manifestar que se informa por la prensa de la evolución del estado de salud de Teresa R. la auxiliar de clínica infectada tras presentarse voluntaria para atender al sacerdote que terminó muriendo.
  • .- Se sacuden todas las responsabilidades y se produce la esperpéntica rueda de prensa en la que el Consejero de Sanidad de Madrid culpabiliza a Teresa de su contagio mientras ella se debate entre la vida y la muerte.

Y NO CESAN A LOS RESPONSABLES

Por eso entiendo que mis amigas estén abrumadas ante la desfachatez, el impudor, la inmoralidad  de la que hacen gala.

Se preguntan : ¿Es que no se les puede parar?.

Es un deseo intenso porque son conscientes de la derrota que supone para la sociedad la sensación de impotencia con la que vivimos, que nos resta confianza en el futuro.

A diario palpan la crisis económica, que enriquece mucho más a los más ricos a costa de la precariedad de muchos.

Palpan la crisis política porque quienes están implicados en la corrupción no pueden regenerar la vida política.

Palpan la crisis institucional, con todas las instituciones al servicio de la alianza entre las oligarquías económicas y el Partido Popular.

Sí, están abrumadas. Saben que el 86% de la sociedad no confía en el hombre que preside el gobierno de España. Pero no comprenden por qué no hay una mayoría social que de un aldabonazo contundente que haga rectificar al gobierno. Tienen en la memoria la salida masiva a la calle de aquella sociedad española que condenaba, con su manifestación, el apoyo de Aznar a la invasión de Irak.

Sofía interviene para exponer que el campo de condiciones es diferente, pero no por ello falta contestación social y tira de memoria: Marea blanca, marea naranja, marea verde, marea granate, marea negra, Gamonal, Marchas de la Dignidad, El tren de la Libertad, 15 M y cientos de focos que no abren los informativos de la TV.

Las demás asienten, todo eso es cierto, pero aún así no se amortigua su desazón.

Me miran. Saben que llevo años defendiendo derechos, que hemos disfrutado todos. Derechos que ahora nos han arrebatado. Me miran porque me suponen fatigada, y suponen bien.

No hace falta que formulen la pregunta porque la leo en sus miradas. Y en perfecta comunión de amistad, interpretando su demanda, les digo: He luchado. Unas veces hemos ganado y otras veces hemos perdido, pero jamás hemos renunciado a la lucha. Y digo en plural porque hemos avanzado gracias a todos los que no nos hemos rendido, aún en contra de una inercia general de una sociedad apisonada por 40 años de dictadura.

Entonces cojo de mi estantería un libro que tengo muy subrayado:”Hª del poder político en España”. Y les leo un fragmento:

.- “Los españoles llegaron a la víspera de la muerte de Franco (1975) contemplando unas élites políticas clandestinas radicales y utópicas, y unas élites oficiales cínicas, observadas por la indiferencia de un pueblo carente de toda cultura política real. El primitivismo de la cultura política se percibía por doquier. Se deseaba con cierta fuerza ser como Europa, pero nadie estaba interesado en saber como se hacía Así que una sociedad bastante normalizada en hábitos de vida, de consumo e incluso de cultura de masas, anhelaba que alguien completara esa normalidad y se mostraba dispuesta a identificar a quien le ofreciera ese camino con más garantías.

A estas fuerzas la sociedad española le daría su voto, pero no su participación y su militancia. La cultura plebiscitaria, más que la cultura de actividad política se había enraizado en estratos profundos de los españoles”.

Tuvimos que preparar el segundo cafelito porque la lectura dio para un largo intercambio de comentarios. Pero antes nos pareció como que el tiempo se detenía. Hasta que Isabel, mi vecina, rompió el silencio:

.- “María, tienes razón. Nos conformamos con votar. Yo soy de las que si me pusieran una “alcachofa” delante, diría esa tremenda frase que hemos visto en la tele que muchas personas dicen: Mire, yo no entiendo de política.

Pero voto, porque pienso que con eso ya cumplo mi papel.

Sofía, que no ha dejado que la pena por la muerte de Quinito, su hijo, la desmovilice, se adelanta y hace una propuesta:

.- ¿Qué os parece?. Todas estas tardes de los miércoles del invierno podemos dedicarlas a mejorar nuestra cultura política. Podemos trabajar conceptos, para poner nombres a una parte de la realidad, esa que interfiere en nuestras vidas aunque lo ignoremos: oligarquías, élites extractivas, deuda ilegítima, exclusión social, corrupción sistémica, paraísos fiscales, rentas de capital, amnistía fiscal, lucha de clase, concordato, inmatriculaciones, SICAV…

Nos dimos cuenta de que ya estábamos entendiendo la importancia de la cultura política, pero también comprendimos que puesto que no basta con votar cada 4 años teníamos que planificar algo para ejercer aquello de : pensar globalmente y actuar localmente”.

Cayó la luz de la tarde vertiginosamente. Llegó la hora de despedirnos y todas, todas, habían mudado la desazón por seguridad. La seguridad de que los ladrones de vidas, los ladrones de los derechos, los ladrones de la esperanza siempre van a existir, pero nosotras, mujeres de clase media con conciencia, no vamos a desertar de la lucha de clases.

Cuando abandonaron mi salón malva, en el aire quedaba, además de los aromas del café y del té, la fragancia de la solidaridad.

Yo me quedo, reflexionando aún. Sé que La radicalidad de una clase media que se ha dado cuenta de que ya está proletarizada armada de la inteligencia y de los conocimientos, es lo que ha inquietado al poder. No me libero de una cierta inquietud: Sabemos qué pretenden los neoliberales que gobiernan en la U.E.  – y por extensión en España – pero me inquieta el fraccionamiento político del resto de opciones políticas que tienen que poner límites al desmantelamiento de la casa común.

Si el edificio en el que vivimos perdiese el tejado por la acción de los más poderosos vecinos…¿No reaccionaríamos todos los demás?.

Como en otro tiempo histórico, la responsabilidad colectiva se ve clarísimamente.

El poder corrompe. El poder absoluto corrompe absolutamente. Espero que mis convecinos de país lo consideren. De lo contrario, el hoyo puede tragarnos.

                                                           María