Ha estallado la Caja de Pandora.

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Los monstruos de la Caja de Pandora ya han salido todos, dejando su estela de miseria y muertes por todo el país. Uno de los monstruos más emblemáticos, el que más miseria, más muertes y enfermedades ha creado, la extinta Mato, cual escorpión que se inmola con el veneno de su maldad, ha caído, ahogada en su propio veneno. Será recordada, es de las personas a la que la historia le tiene un lugar reservado de muchas páginas en el libro de las infamias. Será recordada por un 12 % de la población que ha tenido que dejar de tomar los medicamentos al no poder pagarlos, quienes no podrán recordarla serán los que han muerto a causa de esta asesina medida del copago. Será recordada por los enfermos de hepatitis, a los que se les han negado un medicamento con un 90 % de curación, y están notando que su salud se apaga sin que esta mujer sienta lo más mínimo por su desgracia. Será recordada por millones de dependientes a lo que no solo les ha robado su derechos a vivir con dignidad, les ha robado además el derecho a vivir. Cuesta trabajo creer que la recompensa por haber creado tanta miseria sean solo unos miles de euros por los que ha sido imputada, cuesta trabajo verla como “la mal pagá” “Y la Caja de Pandora se cerró dejando a la Esperanza atrapada en su interior” Pocas veces los pueblos pueden escribir la historia, la historia es privilegio de los mandantes, pero a los españoles se nos brinda una oportunidad de escribir unos renglones de la historia, los justos para que los libros los mencionen en una ineludible verdad, “y el pueblo español abrió la Caja de Pandora dejando salir a la Esperanza, cual paloma que anuncia el final de la era de las tinieblas” Pues sí, los españoles tenemos un reto muy importante, tan importante que de él depende el salir de esta era de infecto vasallaje a la democracia tutelada, y demostrar una mayoría de edad para no necesitar la tutela de nadie. Una democracia donde ningún político imponga una sola ley sin ser ratificada por el pueblo. Una democracia donde los derechos humanos primen sobre los derechos del capital. Una sociedad donde no impere la oligarquía religiosa. Una nueva Constitución, pero que estoy diciendo, ¿para qué nos sirve la constitución sino es para que nos exijan nuestros deberes y obvien nuestros derechos? el único libro que merece ser quemado en las plazas públicas es la constitución. Unos barrios gestionados por los vecinos, sin que meta la nariz ningún interés ajeno al barrio, ni político alguno. Abramos la caja, pero cuidado, la Esperanza en muchos casos sale de palomo bizco…disfrazada de paloma.

                                                                        Manuel Fernández Martin