Gatos y ratones

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“En la naturaleza de los gatos está el cazar ratones”

¿Qué hacen los ratones poniendo a los gatos en el gobierno?

 Con esa pregunta comenzó nuestra reunión habitual del último miércoles.

Sabemos que no estamos solas. Hay trincheras en todas partes porque hay trampas por doquier.

Trinchera:

  • .- En los hospitales. Intentando frenar la privatización del sistema público de salud.
  • .- En las fábricas. Luchando contra los EREs abusivos. (Coca cola, Alcoa y mil mas).
  • .- En los centros de enseñanza. Dando lo mejor para suplir las carencias y evitar el deterioro progresivo del único sistema, el público, que garantiza la igualdad de oportunidades.
  • .- En los barrios, acompañando a las personas que son “lanzadas” – literalmente – de sus viviendas, en un país que mantiene una Ley inmoral y abusiva.
  • .- En las manifestaciones masivas para reprochar los recortes de los Servicios Sociales que van dejando en la exclusión a millones de personas.
  • .- En las manifestaciones sectoriales, para defender el derecho a una vida digna.
  • .- En todas las mareas, Naranja, verde, blanca, violeta, negra, azul…que representan a colectivos concienciados de que nos están robando el presente y el futuro.
  • .- En el Tren de La Libertad, defendiendo el derecho de las mujeres a decidir ser madres o no, sin riesgo para su integridad.
  • NO, NO ESTAMOS SOLAS.

Un universo de focos de resistencia cubre la tierra que habitamos.

Pero… ¿Habremos entendido que todas podemos hacer aún más?.

Queda lejano en el tiempo aquél día que nos convocamos para leer aquella metáfora de “La rana que no sabía que estaba cocida”. Desde entonces fuimos más conscientes y pasamos a ser activistas.

Activistas de la vida, activistas de la dignidad, activistas del derecho a la libertad.

Aún nos hacemos preguntas.

Si un grupo de políticos gobierna para el 10% de la sociedad ¿Cómo es posible que esa misma sociedad le de mayoría absoluta para hacer absolutismo?

Sofía, que nos arrastra a todas con su fuerza nos da su parecer.

“Este país nuestro ha sufrido un síndrome, que yo llamo de Hamelin.

No distinguir la realidad de la ficción.

Y así ha crecido la tendencia de creer que estamos donde nos dicen que estamos, no donde en realidad nos encontramos.

De tal manera que cuando el Flautista de Hamelin, disfrazado con múltiples caretas, se paseó por las pantallas haciendo sonar la melodía del empleo seguro, millones de ratones le siguieron.

Sólo eso explica que le hayan dado el poder que le otorgaron.”.

Mi vecina Isabel, que ya cayó en la cuenta de que Sofía respondió a la pregunta con la que comienza esta reflexión de hoy, nos manifiesta sus temores.

.- Pero… ¿volverán a ganar?

El debate ganó en intensidad. Todas teníamos argumentos para oponer al sí.

.- Creció enormemente la desigualdad.

.- Creció la deuda pública a pesar de los recortes.

.- Creció el número de desempleados.

.- Creció la precariedad laboral.

.- Creció el número de familias sin ingreso alguno para sostenerse.

.- Creció la corrupción, aún ahora, en plena crisis social.

.- Crecieron las listas de espera.

.- Crecieron las tasas judiciales.

.- Crecieron los desahucios.

.- Creció el nº de familias en pobreza energética, incapaces de pagar luz y gas.

.- Crecieron los impuestos (hasta 200 se han incrementado)

.- Creció el nº de Dependientes abandonados a su suerte.

.- Crecieron las SICAV que apenas cotizan por sus capitales.

.- Crecieron las demandas en los Bancos de alimentos.

.- Crecieron los suicidios encubiertos.

.- Creció el nº de jóvenes forzados a emigrar para buscar trabajo fuera.

.- Disminuyó el nº de becas universitarias y de comedores escolares.

.- Disminuyó el poder adquisitivo de las clases media y baja.

.- Disminuyó la atención domiciliaria a personas ancianas y solas.

.- Disminuyó la persecución a los grandes defraudadores fiscales.

.- Disminuyó la libertad de expresión y rebelión (Ley Mordaza).

La lista de razones se iba haciendo interminable. Con tan solo un par de ellas parecería suficiente para desalojar del gobierno a los responsables de esta tremenda estafa.

NO ESTAMOS SOLAS Y NO NOS FALTAN RAZONES.

Es Sofía la que nos lo repite, porque a menudo hay que repetirse muchas veces las cosas ciertas para que no nos construyan discursos irreales que nos confundan.

No nos faltan razones históricas.

Históricamente los gatos han sido los mejores instrumentos de quienes tienen el poder real.

Los grandes terratenientes financiaron el golpe de estado contra la 2ª República porque se reclamaba lo que en otros países europeos había ocurrido mucho, mucho antes: La reforma agraria, para que no hubiese millones de hectáreas improductivas mientras los jornaleros vivían sumidos en el analfabetismo y la pobreza.

Colocaron en el gobierno a un gato gordo, bajito y cruel que firmaba penas de muerte tras la placentera siesta en el palacio de El Pardo. Un gato que sembró el terror durante 40 años y que murió matando aún en 1975.

La tribu felina que se benefició de todo eso no permite aún que, el Estado se comprometa, tras 70 años de yacer en las cunetas y fosas comunes a dar digna sepultura a los/as españoles/as que fueron asesinados/as por ser fieles a sus legítimas y democráticas ideas.

Los gatos de ahora son más sutiles. En lugar de balas y cañones pueden utilizarse estrategias “civilizadas”, como negar medicinas que salvan vidas, abandonar a los dependientes a su suerte, forzar el exilio económico…

Por eso, los ratones poco atentos, ingenuos, temerosos, no se unen para echarlos…

Y podrá volver a funcionar el “síndrome de Hamelin, cuando dentro de unos meses vuelva a sonar por las calles de nuestros ayuntamientos la flauta.

Y volveremos a escuchar eso de: “Este alcalde es buena gente, no tiene nada que ver con su partido, así que le apoyaré”.

Los ratones no tenemos conciencia de CLASE SOCIAL.

Nos compramos pañuelos en el rastrillo y delante del espejo nos vemos como gatos. Por eso ponemos a los gatos en el gobierno.

Tendré que pensar cómo llamar a ese síndrome”.

Cuando caía la luz de la tarde en mi salón malva y el olor del café nos hacía sentirnos afortunadas, teníamos bien clarito que había otra batalla que dar: peguntar a los ratones de nuestro entorno ¿Por qué los ratones ponen a los gatos en el gobierno?, con la esperanza de que el espejo no distorsione la clase a la que pertenecen.

María.