PROPOSITOS PARA SER UN BUEN PROFESIONAL Y MEJORAR NUESTRA INTERVENCIÓN DIARIA

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Quiero empezar estas líneas, y siendo el día que es hoy, con estas palabras sacadas del Facebook::

“Queridos Reyes Magos,
Este año me he portado muy bien: he luchado para defender mis derechos y he intentado parar las leyes injustas. No quiero que traigáis nada. Sólo os pido que os llevéis muy lejos de aquí a todos los políticos, banqueros y empresarios corruptos”.
Os deseo un buen año, lleno de ilusiones proyectos, reivindicaciones y que podamos parar todo el desmantelamiento de derechos fundamentales, y que podamos lograr que la reforma local no se haga efectiva, entre otras muchas cosa.
Dicho lo cual, quiero compartir con vosotros una reflexión sobre nuestra actuación, que como estamos a principio de año, y como siempre existen buenos propósitos, no solo personales, sino profesionales, espero que pueda ser valorada como una intención de principios para este año tan difícil, 2015.

En un curso de la EASP, que se realizaba sobre “Fortalecimiento de la parentalidad positiva”, el pasado octubre, de 25 alumnos, todos con amplia experiencia, solo estábamos tres trabajadoras sociales. Me intereso mucho, la presentación de la primera trabajadora social, que reivindico el trabajo social en la intervención familiar, y con una función activa en esta intervención.
Esta compañera, a la que apoyo, decía que se nos olvida la importancia del trabajo social en la intervención socioeducativa, en ese contexto, donde con nuestras técnicas y habilidades podemos desarrollar un trabajo terapéutico y mucho más completo que el asistencial.

En otras conversaciones con compañeras/os, siempre planteamos lo difícil de salir de la burocratización de nuestra profesión, de lo enclaustrados, muchas veces, que nos encontramos, en informes a distintas entidades, y de lo poco que podemos trabajar con la persona o familias, para que exista el cambio deseado o que esa situación que necesita una ayuda profesional, pueda a salir a flote.

Por eso me interesa reivindicar desde esta plataforma de la marea naranja, distintas actuaciones que vamos dejando, por falta de tiempo sobre todo:
– La posibilidad que se nos da, de ser en muchas ocasiones el único profesional que va a poblaciones pequeñas. Podemos realizar unas intervenciones más complejas y terapéuticas, e incluso prevenir y evitar situaciones de extrema gravedad como son los maltratos. Este trabajo se está realizando, y la concienciación del problema, está evitando más asesinatos de familias.
– Por otro lado, la necesidad de trabajar en equipo, donde no sea la suma de todas las disciplinas, sino un trabajo avalado por objetivos comunes, en donde cada profesión pueda desempeñar sus funciones. En equipos como los de Tratamiento Familiar, esta trabajo conjunto está totalmente legitimizado, pero en los servicios sociales comunitarios este trabajo interdisciplinar, no esta tan claro, trabajando muchas veces con las prisas y sin el apoyo de las direcciones.
Es importante, que como profesionales de los servicios sociales, avalemos un trabajo bien hecho, que demuestre a la población en general que somos profesionales que van más allá de una ayuda puntual.

– Es más, yendo algo más lejos en mis deseos, sería importante que retornáramos el trabajo grupal, como método de trabajo. Si nos remitimos a lo que decía Konopka:” El social group work es un método de Trabajo Social que ayuda a los individuos a elevar su funcionamiento social por medio de intencionadas experiencias de grupo y a afrontar con más efectivo éxito sus problemas personales, grupales o comunitarios”».

Es cierto, que con la nueva pobreza, y con esta situación cada vez más kafkiana, la intervención profesional del trabajo social, se encuentra más vinculada a ayudas asistenciales (llámese ayuda para pago de suministro, derivación a ONGS para alimentos, bocadillos postguerristas…), que en el trabajo social que estudie en la carrera de Justicia Social, (la que se refiere el Código Deontológico de la FITS y de adquisición de habilidades, entre otras muchas cosas).
En estos 20 años que llevo de profesión, nuestra disciplina ha pasado por varios momentos, siendo una época buena la de la aprobación y desarrollo de la Ley 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia. Aunque desgraciadamente, ha sido un fracaso en su desarrollo, y los datos lo avalan, si incrementó el reconocimiento social de nuestra profesión,
Quiero finalizar, expresando un amor incondicional a esta profesión, a todo lo que conlleva de cambio personal y social, y de reivindicación de un mundo mejor, que es posible…
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​​​​​​​6 de enero de 2015
​​​​​​​Raquel Prieto Hinojosa
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