Camaleones en los almendros

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Son los almendros los que suelen anunciarnos que se aproxima el cambio de estación. Alegran nuestra vista, ponen color al gris del invierno. Y los lirios. Esas preciosas flores moradas que nacen sin apenas cuidados, más que el sol y la lluvia con que la naturaleza riega la tierra donde se enraízan.

Por eso, este miércoles decidimos cambiar el salón malva por el espacio libre, trasladamos nuestra tertulia a un lugar amable, al calorcito de la primavera. Y eso provocó nuestra conversación.

Ciertamente, los estorninos ya vuelan…y éstos nada tienen que ver con los camaleones. Pero Sofía es la reina del sentido figurado, así que nos condujo a donde quería llevarnos.

La primavera es el campo temporal donde se darán muchas batallas electorales. La primavera puede alterarnos el pulso e incluso el juicio.

Y aunque no es alarmista, sí la percibí preocupada.

Nos soltó, a bocajarro, la parrafada que Reverte había dicho en una entrevista: ¿De qué sirven las urnas si quienes meten las papeletas en ellas son analfabetos?

Isabel saltó como si la pinchasen. Tenemos gran facilidad para ofendernos aunque una gran parte de la aseveración se corresponda con la realidad.

¿Cómo sino, explicar que, una vez tras otra, políticos corruptos reciban el apoyo incondicional y mayoritario de la sociedad que les vota?

¿Cómo sino, explicar que, una gran parte de la sociedad permita a cargos públicos comportamientos que no permitirían en una Comunidad de vecinos?

Antes de que nos liásemos en justificaciones personales, Sofía intervino:

*- Se sobreentiende que hablamos de analfabetismo político.

Provenimos, históricamente, de una absoluta falta de cultura política.

Por eso somos fáciles presas de los camaleones. Esos que se mimetizan y se ponen una piel en cada lugar donde hablan:

Una, delante de los hombres de negro de La Troika, delante de los cárteles financieros de la banca, delante de los grandes empresarios del IBEX 35.

Otra, para conseguir los votos de quienes van a pagar un altísimo precio por las políticas que, apoyándose en esa mayoría de votantes, implantarán sin el menor escrúpulo.

¿Cómo, sino, explicar que obtengan esos resultados electorales cuando sus decisiones favorecen a las minorías económicas y orillan, marginan, a millones de personas que les han dado su voto?

Isabel no sabe explicar ese fenómeno que la incumbe.

En otro tiempo, cuando las vacas eran o parecían gordas, y en cualquier esquina se abría un chiringuito para dar servicio a los hipotecados de una nueva urbanización, la reflexión sobre “A quién le he dado mi voto” no tenía lugar en el vértigo del “crecimiento especulativo”.

Ahora, con la muerte de cientos de miles de pequeñas y medianas empresas, con la legión de parados de larga duración, con los salarios de esclavitud por largas jornadas laborales, con la socialización de las pérdidas multimillonarias de la banca privada, con el robo descarado de la igualdad de oportunidades para estudiar, con el abuso moral de quienes consideran los derechos de las mujeres un cromo electoral con el que satisfacer a los más ultras de sus votantes, con el desprecio por la democracia hasta el atrevimiento de ordenar silencio a la diputada Irene Lozano cuando en el Hemicilo defendía a la comandante Zaida Cantera, con un Estado endeudado por encima de las posibilidades reales de pagar esa deuda, con unos partidos que llevan imputados e incluso acusados en sus listas…

¿Será el momento de darnos cuenta de que tenemos camaleones entre las flores de los almendros?

En el último encuentro, en mi casa, charlábamos de la necesidad de hacer pedagogía. Y realmente necesitamos continuar en el empeño, a sabiendas de que mucha gente tiene fijaciones políticas y raramente se cuestionará la orientación de su voto.

Pero aunque a corto plazo parezcan inamovibles muchas posiciones, de algún modo contribuiremos a combatir la incultura política, en un país que, en palabras de P. Reverte prefiere ver Sálvame a Salvados.

Los camaleones políticos existen y no se otea en el horizonte que estén en peligro de extinción, pero sí podemos contribuir a que entre la fauna que poblará nuestra primavera sepamos distinguirlos, reconocerlos y construir un pensamiento libre.

En la terraza del pueblo de la Sierra donde hemos tomado nuestro cafelito más de una persona puso atención al debate que esta tarde tuvimos. Nosotras, además de compartir ideas habíamos compartido amistad. Y esa, está por encima de las ideologías. El respeto es una norma entre nosotras. La sierra, preciosa, nos lo agradecía.

María