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Hepatitis C:

Malas prácticas sanitarias o como se gestiona una enfermedad desde el neoliberalismo.

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No son muertes, son asesinatos.  Esta es la expresión más utilizada por la Plataforma de Afectados por la Hepatitis C, plataforma que se extiende por todo el territorio nacional y que en escasos meses se ha convertido en una marea roja, reivindicando un tratamiento eficaz y definitivo contra esta enfermedad silenciosa que se cobra en España, estimativamente, doce muertes al día.

Esta enfermedad  se adquiere por el contagio de un virus que entra en el organismo vía parenteral y que no fue identificado hasta finales de los años 80, por lo que no se tomaron medidas de prevención del contagio, diagnosticando a estos enfermos como Hepatitis no A no B.

Hasta la fecha, las terapias para hacer frente a esta pandemia[1] han sido poco exitosas y con efectos secundarios de gran magnitud, que ponen en riesgo culminar el tratamiento, siendo muy común el abandono del mismo  por el efecto de las secuelas y el deterioro del sistema inmunológico en el paciente. Es también frecuente, que pese a culminar el tratamiento, en pocos meses, el paciente desarrolle una recidiva, es decir, el virus vuelve a aparecer mutado y más resistente, en el periodo de convalecencia, con todos sus riesgos.

Las consecuencias más comunes de este tratamiento, al margen de las  que afectan al sistema inmunológico,  tienen que ver con aspectos psicológicos. La depresión y los cuadros de ansiedad tienen relación directa con la toxicidad de estos fármacos obsoletos.

Se trata, por tanto, de una  enfermedad incapacitante que se apodera del hígado de los pacientes, desarrollando estos distintos grados de fibrosis, cirrosis, cáncer de hígado y finalmente produciendo la muerte.

Sin embargo, recientemente, se han hecho avances en la industria farmacéutica que dan esperanza a los enfermos. Un fármaco nuevo, cuyo principio activo es el sofosbuvir, (omitimos la marca para no hacer propaganda a un laboratorio, que no la merece) y que garantiza una probabilidad de curación de más del 90%. Además este fármaco puede ser dispensado con otros, libres de interferón, que es la sustancia que genera más y peores efectos secundarios.

Hay que matizar que los tratamientos tradicionales podían ser de 52 semanas o más y hasta un mínimo de 24. Por el contrario, la novedad del sofosbuvir radica, no solo en la eficacia del tratamiento, sino también en su duración: 12 semanas.

Pues bien, este fármaco se está comercializando con precios muy dispares, según los países, oscilando los 700 euros por un tratamiento (de 12 semanas) en Egipto y los 60.000 euros en EEUU. ¿Qué está pasando en España? ¿A qué viene tanto revuelo si tenemos una sanidad pública y universal? ¿Por qué se está dejando morir a estos pacientes?

La realidad es que nos enfrentamos a un problema socio-sanitario al que como trabajadores/as sociales no podemos dar la espalda. Los recortes que tanto han afectado a los Servicios Sociales, la Educación, la Vivienda, el Empleo, etc. se han ensañado también con la salud a niveles mezquinos dejando morir a la gente, aún cuando hay solución para no hacerlo.

Es necesario hacer un análisis justo de esta realidad y por ello lo primero que hay que decir es que las administraciones públicas no han puesto empeño en este asunto. Particularmente, el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, ha pasado “la pelota” de este tema, durante muchos meses, sin gestionar las condiciones y protocolos para dar respuesta a esta cuestión de salud pública.

Han sido necesarias las presiones de la plataforma de afectados por el Virus de la Hepatitis C y el encierro de enfermos y familiares en el Hospital 12 de Octubre de Madrid, para que mediáticamente, el asunto sea conocido y reivindicado.

La dimisión de la ministra, por otros escándalos de todos/as conocidos y la elección de un nuevo ministro, puso en marcha un Plan Estratégico que a día de hoy, no es más que una cortina de humo. Las promesas se han sucedido, administrando, restrictivamente, el nuevo medicamento, solo en casos extremos.

El mencionado plan estratégico pretende dar cobertura al 50% de les afectados (aún no lo ha hecho), estableciendo criterios restrictivos basados en los niveles de fibrosis hepática de los afectados, excluyendo a los enfermos menos graves, cuando en la práctica son los que tienen más posibilidades objetivas de sanar y en caso de no ser atendidos, el deterioro físico está garantizado. Es decir, la declaración de intenciones de “tratamientos para todos/as” es una quimera, algo que se sitúa en un horizonte temporal incierto.

De modo, que un problema de salud pública, ha pasado a convertirse, en un asunto político, por más que quienes detentan el poder, lo niegan. Los pacientes tienen la prescripción del fármaco, pero no acceden a él y no le es administrado, por simple y llana decisión política. Estamos ante un caso de omisión del deber de socorro.[2]

Ante esto, nos encontramos con un Estado que no sabe o no quiere negociar los precios de los fármacos. Un Estado que es funcional a la tiranía de la industria farmacéutica, a caso porque muchos de sus políticos se sientan en los Consejos de Administración de estas empresas con suculentos honorarios.

Nos enfrentamos a un gobierno que ha roto el compromiso social, que nos introdujo en el copago y que está desmantelando el sistema sanitario, dejando a su suerte a los ciudadanos. Por su parte, las comunidades autónomas tampoco se implican de manera directa, argumentando problemas de financiación y cayendo en la vulgaridad del “Y tú más”.

La realidad de nuevo se ensaña con el más débil. Aquellos que tengan seguros médicos privados de alta solvencia o suficientes recursos adquirirán el fármaco, el resto aguardará a que el Estado decida por ellos y su vida, repartiendo miseria.

Si en su día la marea naranja se sumó a la verde, la blanca… es el momento de dar la cara por esta causa. Se aproximan elecciones y como ciudadanos/as tenemos no solo el derecho de votar, sino la obligación de implicarnos para dejar de ser cómplices de tanto despropósito.

 

Profª. Blanca Girela Rejón

[1]  Según la RAE: La Pandemia es una Enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región. En España las personas afectadas por este virus pueden estar comprendidas entre 700.000 o 900.000. En el mundo se estima que hay más de 150 millones de personas infectadas, la mayoría lo desconoce.

[2] La Plataforma de Afectados por la Hepatitis C (PLAFHC) ha presentado ante el Tribunal Supremo una querella contra el actual ministro de Sanidad, Alfonso Alonso y su predecesora Ana Mato. Les acusan de fallar a su “deber de socorro” al restringir los medicamentos de última generación contra la enfermedad una vez prescritos por los médicos.

Fuente imagen: http://www.infolibre.es/noticias/politica/2014/12/27/enfermos_hepatitis_rodean_ministerio_sanidad_para_exigir_quot_desbloqueo_quot_del_nuevo_farmaco_25945_1012.html