Reflexiones de un yayoflauta sobre la violencia machista

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En mi infancia, (que afortunadamente hace ya 70 años) los niños teníamos como principios el no pegar a una niña, lo catalogábamos como un acto cobardía. Cuantas veces fui arrastrado por los pelos por alguna gamberrá que les hacía, pero nunca se me ocurrió ni siquiera levantarles la mano. Es por eso que asisto asombrado porque la mayoría de los maltratadores y asesinos de mujeres sean de aquella época, ¿cómo puede la vida convertir a personas con unos valores y principios tan arraigados en asesinos de sus parejas? ¿Quién ha acabado con esos principios?

Pocas veces he escrito o hablado sobre este tema, por serme desconocido y por el temor de que al ser hombre fueran mal interpretadas mis palabras, pero siempre he pensado en que debe haber una solución, pero gente con más conocimiento de esto aún no la han encontrado. Yo tampoco conozco la solución, por lo que solo os dejo unas palabras que nunca le dije a mi mujer por temor a parecer ridículo, por si le sirve a alguien, antes de levantarle la mano a una mujer.

“Mi mayor deseo es que cuando nos llegue la hora nuestras cenizas sean mezcladas, y esparcidas por el lugar donde nos conocimos”

Los hijos del maltrato. Se ha hablado mucho de las mujeres maltratadas, (y todo es poco para erradicar esta lacra de despiadados asesinos) ¿pero y de los hijos, nos hemos parado a analizar porque infierno pasan estos muchachos, reciben la ayuda psicológica que corresponde, se hace un seguimiento de los posibles traumas que puedan surgir? no es una afirmación ni una crítica a la actuación de los servicios sociales, es una pregunta desde el desconocimiento.

Como he dicho en varias ocasiones, yo me crié en una casa de más de cien viviendas, (la Casa de la Lona) y en ella era frecuente el maltrato a las mujeres, el marido venía borracho, quemado por problemas laborales, o simplemente por celos, y la pagaba con la mujer, con mucha frecuencia tenía que salir pidiendo auxilio o los vecinos tenían que aporrear la puerta para ayudarla, son recuerdos de un infierno que se te quedan grabados para toda la vida, los hijos abrazados a la madre mientras eran cobijados en casa de algunos vecinos o los hijos pegados a un rincón con terror por decantarse por alguno de sus padres.

Recuerdo a estos muchachos por ser compañeros de juegos o vecinos, la mayoría eran chicos desarraigados, con una crueldad poco frecuente en esa edad, lo que los hacía ser líderes entre los niños del barrio por su agresividad, otros muchachos eran grises, mediocres en todo lo que hacían, siempre necesitaban a una figura a la que seguir. Pero recuerdo a uno que su ventana daba a la placeta donde todos jugábamos, sentado en el alfeizar de la ventana que estaba a menos de un metro del suelo, viéndonos jugar, siempre que los amigos se reían de él salía en su defensa, y muchas veces me ponía a hablar con él desde fuera de la ventana, sus conversaciones eran como las de todos nosotros, por lo que me percaté que no era retrasado, pero siempre tenía una excusa para no salir a jugar, pasó un tiempo hasta conseguirlo, y se adaptó perfectamente, hasta creo que se sentía a gusto, pero siempre era muy complaciente, evitaba todo enfrentamiento, como si estuviera acobardado.

Pasó el tiempo y empezamos con las inquietudes propias de la edad, a alternar con chicas, a ir a casas de citas, y es curioso, con las chicas era tan tímido que hasta tartamudeaba, y con las prostitutas era desinhibido y las trataba con un respeto que estas chicas se sentían atraídas por él.

Aún hoy sigue soltero, por mucho que me empeñé en buscarle pareja. ¿Quién defiende a estas vidas destrozadas, que fueron niños maltratados?

                                                                                             Manuel Fernández Martín